Supongo que a todos los que escribimos un blog de viajes nos pasa igual, si echamos la vista atrás y pensamos en aquellos viajes en los que aún no escribíamos, veremos cuánto ha cambiado nuestra forma de recorrer el mundo y descubrir ese lugar que estamos visitando.  

 

 

Si echo la vista atrás y trato de recordar cómo eran mis viajes antes de decidirme a escribirlos, me sorprendo de lo mucho que he cambiado y madurado en este sentido. Escribir me ha hecho ser más consciente de que no era una viajera, sino una turista que se contentaba con las pinceladas básicas de un viaje y no se atrevía a ver más allá y a conocer realmente la ciudad que tenía bajo mis pies.

En estos 3 años he aprendido a organizarme mejor (o a desorganizarme mejor en algunas situaciones), a escudriñar cada minuto viajando y a no conformarme con tomar la típica fotografía y ser feliz con eso. Me he zambullido en la gastronomía de cada lugar (aunque algunos platos sigan siendo un tabú y no haya blog en el mundo que me convenza a probarlos) y he descubierto que el sentido de viajar es sentirte libre (aunque después tenga que escribirlo todo).

 

No sé si a los que escribís os pasa igual que a mí, si compartís algunos de mis cambios o podríais añadir alguno más. A los que no escribís pero sois tremendos lectores, ¿cómo viajar os ha ido transformando como a mí? Aquí os dejo una pequeña lista de lo que ha modificado mis aventuras desde que inicié esta otra.

 

 

  • Llevar un diario con la economía de viaje.

Aunque es algo que se debería hacer (tengas un blog de viajes o no) es cierto que, desde que tengo el blog y hemos querido perfeccionar los diarios de las rutas, anotamos cada céntimo invertido (aunque sea en una botella de agua o Coca Cola). Una de las cosas que más busca la gente es saber qué precio debería pagar en ese país que va a visitar o hacer un cálculo del presupuesto del viaje antes de empezar a planificarlo.

Anotar cada dato y mostrarlo en el blog es algo que, en mis primeras entradas, ni me planteaba; sentía que exponía demasiado mi economía y mi vida a aquellos que sólo querían curiosear, pero si quería ayudar a mis lectores no podía ser a medias, así que ahora viajamos siempre con el blog de notas de Iphone abierto y apuntando y sumando cada cifra.

  • Viajar con todo el material fotográfico.

Tengo que reconocer que no he ampliado en demasía el repertorio de objetivos, por ejemplo, pero mi colección de cámaras para inmortalizar el viaje sí que ha ido en aumento. De una triste (pero maravillosa) Canon EOS 450D, mejoré a una EOS70D, además de sumar una GoPro con sus accesorios (fundas, pantallas y cúpula), dos Iphone para grabar mejor las imágenes (de hecho el Iphone 7 fue una inversión para mejorar precisamente esto, ya que la cámara de fotos no tiene un buen estabilizador), varios trípodes, unas 10 tarjetas de memoria, un par de cargadores de batería externos, algún que otro filtro y un largo etcétera (a la espera de poder comprar un dron y un pequeño ordenador o tablet para poder escribir en el día a día del viaje y no a la vuelta).

Mis viajes cuando no tenía intención de narrarlos se limitaban a esa primera cámara que me regalaron entre varios familiares y amigos, ahora no me planteo sin salir con un par de objetos tecnológicos más encima.

  • Fotografiar absolutamente cada detalle.

Esta parte se relaciona con la anterior, al igual que no viajaba con demasiado peso tecnológico, tampoco tomaba fotografías por tomarlas. Para mí retratar un cajero automático desde el que poder sacar dinero en el aeropuerto era una gran estupidez. Actualmente pienso más en qué puede ayudar a aquellos que me leen y, salvo en países europeos, hago fotografías de estaciones de bus, de cajeros, de negocios, de restaurantes y de cualquier detalle que crea que puede ayudar o interesar. (Aunque reconozco que en el viaje a Birmania me limité un poco por vergüenza y por descansar un poquito tecnológicamente y disfrutarlo como me merecía).

De hecho, me gustaría escribir sobre mis primeros viajes a Bruselas, Holanda, Marruecos, Italia.. pero apenas tengo información que dejaros y serían entradas demasiado pobres.

  • Guardar cada ticket, mapa o panfleto de información.

Tengo que reconocer que siempre he tenido un poco de Síndrome de Diógenes en lo que a viajes se refiere. Guardo absolutamente todo para no olvidar ningún detalle, ya sea una cuchara de plástico, el billete de avión, un ticket de bus.. patología que se ha incrementado con el blog ya que ahora guardar esto «tiene sentido», así seguro que no olvido a qué hora cogimos cierto tren o vuelo o de qué compañía se trataba o cómo se llamaba ese restaurante tan bueno. ¡Por favor, decidme que no soy la única!

  • Escribir cada día en una libreta sobre qué hemos hecho y mis impresiones del lugar.

Desde Perú, siempre llevo conmigo una libreta en la que anoto lo que después leeréis aquí. Muchas veces dejo las entradas preparadas a mano (salvo la información más técnica) y, una vez de vuelta en casa sólo tengo que transcribir, añadir las fotografías y los últimos detalles. Tengáis un blog de viajes o no, también os recomiendo que sigáis esta costumbre; es una forma de recordar siempre vuestro viaje y de marcar aún más en vuestra memoria todo lo vivido. Normalmente añado dibujos, frases que hemos ido diciendo, pensamientos y un largo etcétera que nos saca una sonrisa cuando releemos estos diarios.

  • Cambiar la forma de viajar.

Salvo en el último viaje a Italia (una ruta por el Lago di Como) cuyo objetivo final era pasar tiempo en familia, desde que tengo el blog de viajes aprovecho mucho más cada ruta. Si antes no incluía cierto museo o me marchaba al hotel antes de lo previsto no me sentía tan «culpable» (obviamente luego me repetía alguna que otra vez que como no había exprimido más el tiempo), pero ahora odio esos tiempos muertos y no vuelvo al hotel si no es estrictamente necesario y no me pierdo nada de lo que tengo «planificado» visitar.

También probamos más experiencias y no nos conformamos con ver, por ejemplo, el Duomo de Milán desde fuera si podemos subir a ver las vistas desde arriba o con ver los globos en Bagán desde abajo, ¿cómo no voy a vivir el volar en globo?

Ahora soy menos turista y más exploradora, más viajera. He dejado atrás las maletas gigantes porque no necesito un vestuario para salir guapa en las fotografías, sino vivir la experiencia (que la felicidad es el mejor maquillaje y vestuario para salir increíble en esos retratos); respeto mucho más las tradiciones y los hábitos del país que visito e intento ser una mera espectadora y no invadir la privacidad de los locales, ni obligarles a salir en mis instantáneas para enseñar la mejor fotografía.

¿Y a vosotros, compañeros? ¿Cómo os ha cambiado la experiencia de escribir? Muchas gracias por vuestras visitas y comentarios.

 

2 Comments
  1. Nunca mejor expresado Tatiana, creo que nos moja a todos los que cambiamos nuestro estilo de viaje por profundizar, contemplar y aprender a disfrutar el lugar que visitamos, hacerlo parte de nuestras vidas y no solo pasar por ellos. Me sentí muy identificado, gracias por tu post.

  2. Me encanta cuando haces entradas de éste tipo! Me siento súper identificada con lo que escribes. Yo intento escribir en los viajes para recordar mejor las cosas para el blog y para mí, pero a veces estoy tan cansada que me es imposible… Y también está bien desconectar un poco y no sentirse forzado a hacerlo. Lo mejor es sentir que no es una obligación 🙂 un besito!

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