¡Dobre Dochli Sofía! O lo que es lo mismo: ¡bienvenidos a Sofía! Termina nuestra ruta búlgara con un recorrido por su capital con todos los sitios que nos dejamos en el tintero el primer día. Las iglesias ortodoxas serán el punto fuerte del día, y una maravillosa cena búlgara que sirvió como broche a un viaje inolvidable. ¿Nos acompañáis?

Un nuevo día llegó, el último de nuestra ruta por Bulgaria. Nuestro vuelo sale mañana a las 7 de la mañana, así que hoy aprovecharemos para descubrir cada detalle de la ciudad ya que el primer día no pudimos verlo todo.

Durante la tarde – noche anterior, tras volver de Rila, organizamos con el mapa delante y algo de información todo lo que queríamos visitar durante el día de hoy así que, como cada mañana, nos duchamos y preparamos y salimos a la calle. Hoy hace un frío horrible, incluso hay previsión de nieve, pero ni eso puede hoy con nosotras.

Como apenas nos quedaba nada en casa para comer, desayunamos en el Starbucks que tenemos a menos de cinco minutos de casa. Sí, es sacrilegio desayunar allí, pero no hay demasiadas opciones para una intolerante a la lactosa en Sofía, así que tras preguntar en un par de cafeterías acabamos aquí.El total del desayuno fueron 15 levas (un café y un croissant y un chocolate con un muffin).

Con algo de calor gracias a las bebidas calentitas en el cuerpo, empezamos nuestro recorrido a la ciudad. La primera parada es el Teatro Nacional Iván Vazov, que recibe este nombre por el poeta, novelista y dramaturgo búlgaro. Es el teatro más grande y antiguo del país.

 

Lo que más destaca del edificio es su fachada que sigue el estilo neoclásico inspirándose en los templos griegos, con seis columnas y la figura de Apolo rodeado por musas en el friso.

Desde aquí, nos dirigimos a la iglesia rusa de San Nicolás. Fue construida entre 1907 y 1914 en una parcela rusa, bajo el mandato de la embajada de Rusia. Llama mucho la atención las cinco cúpulas pequeñas doradas que lo adornan y sus campanas, donadas por el emperador Nicolay II. En 1947 el templo fue cedido a la diócesis de Moscú, quien lo gestiona desde entonces.

 

 

 

La entrada es totalmente gratuita aunque, como en todas las iglesias de Bulgaria, está prohibido realizar fotografías en su interior.

Llega el momento del plato fuerte del día, aunque por el camino nos encontramos el mercado callejero en Alexander Nevski. Este mercadillo se encuentra los fines de semana justo al lado de la catedral. En él se venden reproducciones de iconos ortodoxos, objetos de la Segunda Guerra Mundial, insignias y medallas del ejército búlgaro y objetos de la época comunista. Nosotras regateamos un poquito el precio del collar que compró Alba y aceptaron, así que intentadlo por si a vosotros también os lo regatean. Entre los objetos encontramos muchísimos que hacían publicidad a la campaña de Hitler (cucharas, ceniceros, navajas, medallas..)

 

 

 

A unos pocos pasos nos encontramos la impresionante catedral de Alexander Nevsky, uno de los símbolos del país. Se construyó entre 1882 y 1912 en honor a los soldados rusos que murieron durante la liberación del país de manos de los otomanos. Sigue un estilo neo bizantino y es una de las mayores catedrales ortodoxas del mundo.

 

 

Tiene forma de cruz, con una enorme cúpula central dorada enfatizando su planta.

La cúpula se encuentra a 45 metros, aunque con la torre del campanario llega a los 50 metros. De muevo la entrada es gratuita y su interior muestra cinco naves decoradas con mosaicos y vidrieras bizantinas, además de mármoles italianos o alabastro africano.

 

Desde aquí nos acercamos ahora a la biblioteca y la universidad para ver desde fuera ambos edificios.

 

 

Está empezando a nevar y es hora de comer así que nos acercamos al apartamento, que está a cinco minutos caminando donde comeremos hoy y así resguardarnos un poquito de este frío horrible y de la nieve. Hasta las 4 no podemos salir y aún así sigue nevando con fuerza. Las calles empiezan a teñirse de blanco y el tiempo no acompaña nada pero no queremos perdernos algunos de los edificios que tenemos aún en nuestra lista de pendientes (aunque el clima nos hace tachar un par de ellos)

La primera parada en nuestro camino esta tarde es el Museo Arqueológico de Sofia. La entrada cuesta 10 levas y en su interior encontraréis varias colecciones tracias, griegas y romanas además del tesoro de Valchitran. El edificio era una antigua mezquita (la más grande y antigua del mundo otomano) construida en 1474.

 

 

Ahora es el turno de Sveti Georgi, una iglesia del siglo IV construida por la civilización romana, además es el edificio más antiguo de Sofía y la iglesia más antigua de la ciudad. Durante un tiempo fue convertida en mezquita, pero tras la expulsión de los otomanos en el siglo XIX volvió a acondicionarse como iglesia ortodoxa.

 

Para mí, sin duda, lo más impresionante fue su interior, con frescos del siglo X en sus paredes y cúpula, además del sentimiento de recogimiento y fe que te hace sentir desde el momento en que entras.

De nuevo nos acercamos a la Mezquita y a  la Casa de los Baños o los Baños Centrales de Sofía, esta tarde, revisando las cosas que queríamos ver, nos dimos cuenta que habíamos olvidado visitar las fuentes termales, donde los vecinos llenan sus garrafas con el agua que brota de aquí. Como veis, la nieve cubre ya todo y es muy difícil visitar la ciudad en estas condiciones.

 

 

Aunque nos encantaría visitar muchas más cosas, damos por terminada nuestra ruta de hoy visitando la catedral ortodoxa Sveta Nedelya. (Siento que las fotografías no sean demasiado buenas pero la ventisca y la nevada no ayudaban demasiado). La primitiva iglesia se remonta al siglo X, una iglesia construida en piedra y madera de la que ya no queda nada. En 1856 fue totalmente destruida y en 1927 se inició el nuevo proyecto de reconstrucción intentando seguir con fidelidad el diseño original de la catedral.

 

 

Volvemos al apartamento a preparar las maletas y a secarnos un poco y entrar en calor. La nieve y el frío nos impide hacer mucho más así que disfrutamos de la ciudad iluminada y, al llegar, reservamos el taxi para mañana ya que salimos de madrugada hacia el aeropuerto.

 

 

Como broche para este viaje, no podíamos marcharnos sin disfrutar de una buena cena búlgara. Preguntamos a Desislava, nuestra anfitriona de Airbnb y nos recomendó un restaurante muy típico y justo al lado de nuestro apartamento. El restaurante es Izbata Tavern, un lugar con el espíritu del país en cada detalle. La comida es típica del país y el precio, aunque no es tan barato como otros restaurantes, no está nada mal si los comparamos con España.

Algo que también nos gustó muchísimo es que no había ni un sólo turista, todos eran gente de la ciudad por lo que no nos pareció la típica turistada. Nosotras pedimos para comer una sopita calentita, que fuera está todo helado y nevado y hay que entrar en calor, un plato llamado Granny’s chicken que consistía en un hojaldre con pollo, espinacas y queso, acompañado de tomate y arroz y de postre una tarta de queso con frutos rojos riquísima.

 

 

No tengo el precio anotado de la cena, pero creo recordar que no fueron más de 25 levas (unos 12€).

Cuando salimos del restaurante decidimos despedirnos de la ciudad visitando de nuevo la catedral, esta vez de noche e iluminada. Apenas hay gente en la calle, así que la tenemos toda para nosotras. La verdad es que es un lujo poder disfrutar de un sitio tan maravilloso y místico en soledad. Esta mañana era casi imposible tomar una fotografía sin que saliese nadie más y, como veis, ahora es todo lo contrario.

 

 

Volvemos de nuevo al apartamento y terminamos de hacer las maletas y dejar todo bien organizado. A las 4 de la mañana suena el despertador y a las 5 menos algo viene el taxi a recogernos. El trayecto cuesta únicamente 12 levas. En unas horas sale nuestro vuelo de vuelta a casa y termina nuestro viaje por tierras búlgaras.

 

Como vengo diciendo en cada entrada, si estáis dudando en visitar el país, os animo a hacerlo. Pero con la mente abierta y sin expectativas. Bulgaria no es Italia, es cierto que no vais a encontrar un París o un Berlín, pero es un país con rincones preciosos, con unas iglesias ortodoxas que poco tienen que envidiar al resto de Europa y con mucho por descubrir. Así que si me preguntáis si merece la pena, con rotundidad os digo que sí.

Os espero en la próxima entrada con el vídeo de nuestro viaje para que podáis disfrutar en movimiento de nuestra experiencia. Muchísimas gracias por leerme.

 

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