Bienvenidos a uno de los sitios más bellos que existen en la tierra. Quizás suene exagerado, pero no necesitaréis más que caminar unos pasitos para ver que no os miento. Rila es ese lugar de cuento (especialmente si se visita en invierno, con la nieve alrededor), donde fundirías tarjetas y tarjetas de memoria tomando fotografías desde todas las perspectivas posibles porque no quieres perderte ni un sólo detalle y donde el tiempo se parará y se acelerará de nuevo cuando seáis conscientes. Bienvenidos, de nuevo, a un lugar mágico y místico. Os aseguro que no os decepcionará.

 

Llegó el momento que más esperábamos del viaje. Cuando miramos qué podríamos visitar en Bulgaria y vimos que a unas 2 horas y media de Sofía se encontraba esta maravilla creada por el hombre, no nos lo pensamos demasiado.

Como cada mañana, madrugamos para desayunar en el apartamento y leer algo sobre lo que nos espera en unas horas, además de darnos una ducha y preparar las mochilas. Cuando salimos, nos damos cuenta de que vamos algo justas de tiempo así que tomamos un taxi (aunque nuestra idea inicial era coger el tranvía) rumbo a la estación de autobuses Ovcha Kupel, desde donde saldremos rumbo a Rila.

En un primer momento, el taxista pretende cobrarnos  25 levas, pensando que es excesivo consigo regatear con él y nos deja el viaje en 10 levas. Si no queréis tomar un taxi, también podéis llegar con el tranvía 5 (el ticket cuesta 1,60 levas) que sale desde detrás del Palacio de Justicia. Deberéis bajaros en la parada número 11; pero también os recomiendo llevar el nombre de vuestro destino escrito en cirílico ya que poca gente habla inglés y no suelen entender bien lo que preguntamos (nosotras a la vuelta nos equivocamos de parada por esto mismo).

 

Una vez en la estación, veréis que es como volver al pasado y a la desinformación. Mientras que la estación central de Sofía (desde la que salimos ayer rumbo a Plovdiv) tiene varias taquillas y puntos de información, Ovcha Kupel está desierta y todo en cirílico de nuevo.

Antes de continuar explicando nuestra ruta, quizás os gustaría saber cuáles son todas las opciones para llegar al monaterio de Rila desde Sofía.

Es cierto que, aunque el trayecto es relativamente corto, las opciones para visitar Rila son escasas.

La manera más cómoda es con un coche propio/de alquiler. Tendréis la comodidad de llegar en menos de dos horas y no tener que depender de horarios para volver, pero es cierto que siendo únicamente dos personas (como era nuestro caso) es la forma más costosa de llegar, así que preferimos descartarlo como ya hicimos ayer con Plovdiv.

Otra buena opción si sois un grupo es contratar un tour organizado que os llevará y traerá de vuelta con unos horarios menos ajustados y con cierta libertad, además suelen incluir más zonas a visitar. Nosotras todos los que encontramos eran bastante caros, pero allí conocimos un grupo que pagaron unos 30€ por persona. Es cuestión de buscar y decidir si estáis interesados.

Nuestra elección (y por lo que he leído en blogs) y la de casi todos los que deciden acercarse a Rila es el bus público. Como os decía unas líneas atrás, sale desde la estación Ovcha Kupel a las 10:20 de la mañana. El billete de ida cuesta 11 levas por persona y se compra en el mismo autobús.

Mi consejo es que, aunque haga frío, esperéis al bus en el andén ya que es una pequeña furgoneta y suele llenarse, así que venden los billetes en función al orden de subida a éste. Si ya está completo os tocará quedaros en Sofía o ir de pie en la furgoneta.

El trayecto dura casi 3 horas, alrededor de las 12:30 hace una parada de 20 minutos en Rila y, desde ahí, va directo al monasterio donde llegaréis en torno a la 13:15 y no es la ruta más bonita del mundo. Pasaréis por pequeños pueblos con casas casi destruidas y zonas muy descuidadas, aunque la última parte (desde Rila hasta el monasterio) es toda una gozada ya que el paisaje es un bosque precioso del parque natural de Rila, donde incluso se puede contemplar un riachuelo.

Cuando por fin llegamos, sin aún ver el interior ya estamos maravilladas. Ha nevado durante la noche así que el paisaje es totalmente blanco (coloreado por el arco iris que adorna el monasterio); cuando planeábamos el viaje siempre pensábamos «ojalá encontremos el monasterio nevado pero con buen tiempo para poder disfrutarlo», aunque no creíamos que fuese posible esa combinación. Pues sí. El sol brillaba con fuerza y la nieve nos regalaba la mejor estampa posible (además nos enteramos de que era el día mundial de la nieve, ¡vaya casualidad!)

La entrada al monasterio es totalmente gratuita (hay pocos sitios en Bulgaria donde deberéis pagar entrada, algo de agradecer porque en el resto de Europa se cobra por casi todo) y el primer contacto que tendréis con él es la Puerta Dupnitsa (la que veis en la imagen superior). Ya se puede entrever un poquito del interior, y no podemos estar más felices de haber elegido este país como destino.  Pero antes de seguir enseñando más del monasterio, quizás os gustaría saber algo más de su historia (y así os dejo con la intriga un ratito más).

Según la leyenda búlgara, Iván Rilski, un ermitaño que vagaba por estos lugares en la búsqueda de paz interior , llegó a lo que es el actual monasterio y donde encontró un árbol con un hueco en forma de ataúd y decidió «establecerse» ahí dedicando su vida a la oración. Esto  generó una peregrinación de monjes de diversas partes del país que desencadenó en la construcción de un primer monasterio en torno al siglo X. Éste evolucionó y pasó a ser un complejo mayor, y un lugar de culto al albergar la tumba del propio Iván años después (canonizado como San Juan de Rila), convirtiéndose así en el lugar más importante en la vida espiritual de Rila. 

Y ahora sí, ¡vamos a lo que todos esperáis!

Atravesamos la puerta principal y la imagen nos deja sin palabras.

El color es el principal y único protagonista de esta maravilla, que con el fondo blanco crea una imagen aún más espectacular. Un claustro de cuatro pisos (tres en el ala este) rodea un patio en cuyo centro se levanta la Iglesia de la Natividad. Absolutamente todo está decorado con frescos (especialmente la capilla y la torre), la mayoría del siglo XIV y XV.

Necesitamos poco tiempo aquí para darnos cuenta de la importancia del lugar y lo que supuso en la época renacentista en el país. De hecho fue la sede de una importante escuela dirigida por Néofito de Rila. Es cierto que dos horas no dan tiempo para descubrir todos sus secretos y tesoros, pero si tenéis tiempo, no dudéis en visitar sus museos (estos si son de pago) donde encontraréis colecciones de monedas, dos medallones del siglo IV que pertenecieron al emperador romano de Oriente Constancio II, varias piezas de orfebrería y bulas de varios monarcas búlgaros. En su biblioteca se guardan más de 10.000 tomos de libros manuscritos, las primeras ediciones de libros eslavos antiguos y algunos códices evangélicos.

Algo muy característico del monasterio es la sensación de ser una fortaleza, pero contrastando con esa sensación de paz y serenidad que se ve aumentada por el silencio total y el paisaje exterior, totalmente rodeado de montañas y aire puro y por la elegancia de sus arcos y columnas. 

 

Desde los años 80 está considerado como Patrimonio Universal de la Humanidad en la lista de la Unesco.

 

El exterior de la iglesia tiene forma de U bajo los arcos y tiene esa parte inferior pintada con motivos religiosos que hacen referencia al bien y al mal para provocar temor a los infieles y atraerlos a la fe ortodoxa.

 

Las paredes y arcos de los pisos del claustro tienen otro tipo de decoración, en este caso los motivos florales  y las franjas en blanco y negro son el adorno principal.

Después de un par de vueltas al monasterio nos damos cuenta de que tenemos media hora escasa para comer, ya que nos esperan 3 horas de camino de vuelta y no haremos paradas para comer.

Saliendo por la parte trasera del patio, se llega a un restaurante que creo recordar que se llama Rila Monastery Restaurant (al menos así lo pone en Tripadvisor) Al buscar el restaurante en Tripadvisor he visto que tiene malas críticas, pero nosotras comimos muy bien y a un precio asequible. No entiendo muy bien el motivo de las críticas, nosotras nada más llegar avisamos de que teníamos muy poco tiempo para comer y nos sirvieron muy rápido, la comida estaba muy buena y el sitio era muy acogedor. Nosotras pedimos una ensalada para empezar, una crema de patata y cangrejo y un plato típico búlgaro hecho con huevo, queso y tomate. El total de la cuenta (con la bebida incluida) fueron 19 levas (unos 9,5€ a dividir entre dos).

Al terminar la comida, salimos casi corriendo a la puerta principal para esperar al autobús. A las 15:30 salía el autobús y queremos estar unos 15 minutos antes para comprar el billete y pillar sitio. De nuevo el ticket cuesta 11 levas por persona.

El viaje de vuelta se hace algo más pesado; además, aunque el sol ha brillado todo el día, tanto viaje de aquí para allá hace que a mi me duela la cabeza horrores, así que intento quedarme dormida (aunque sin éxito), además a la entrada a la ciudad pillamos caravana y tardamos mucho más.

Para volver al apartamento intentamos coger un taxi pero ninguno baja de las 25 levas, por lo que nos montamos en el tranvía (cada ticket cuesta 1,60 levas) y, aunque preguntamos en qué parada debemos bajarnos (lo más cercana a la catedral) nadie sabe respondernos y acabamos pasándonos la parada. Nos bajamos y caminamos hacia el apartamento y, por el camino, paramos a comprar un zumo de naranja natural y un muffin para merendar. Esta noche cenaremos en casa, descansaremos y organizaremos todo lo que queremos visitar mañana en Sofía.

 

Para los que visitéis Bulgaria, no dudéis por un instante en acercaros a Rila, como veis no gastaréis más de 15€ por persona y, aunque sólo sean dos horas allí, creedme que merece la pena. Su monasterio es impresionante, y realmente digno de admirar. Toda la gente con la que nos cruzamos (casi todos españoles, por cierto) nos decían que era uno de los sitios más bonitos que habían visitado y, en mi caso, me sentí igual.

Rila os hará recorrer la historia búlgara en un par de horas y os mostrará su joya de la corona, un monasterio donde los monjes conservaron su fe y lucharon contra la dominación otomana a base de trazos de pluma, tratando de copiar en su lengua natal los libros, poesías y canciones tradicionales y donde vivían la paz y meditación rodeados de montañas y un silencio imposible de describir aún hoy en día. Para despedirme os dejo algunas fotografías más de un día maravilloso.

Espero que lo hayáis disfrutado tanto como nosotras y os animéis a visitar esta zona del este de Europa. ¡Os espero mañana en la última entrada de nuestra ruta por Bulgaria! ¡Gracias por leerme!


 

 

 

 

 

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