Según cuenta la leyenda, los dioses eligieron Roma para convertirse en dueña del mundo. Los antiguos historiadores llenaron su fundación de leyendas (muchas veces contradictorias entre sí) que llegan a confundirse con la realidad con cada nuevo descubrimiento arqueológico. Con su resurgir, la ciudad adoptó una nueva imagen, combinada a la perfección con las obras de los grandes artistas del Renacimiento. Palpitaciones, pupilas dilatadas y elevado ritmo cardíaco. No, no has enfermado; te estás enamorando de la capital italiana.

Roma es siempre una buena idea.. No importa las veces que la visites, siempre invita a que te fascines un poquito más con ella, de su encanto, de su historia, de sus callecitas, de sus rincones, de esa mezcla que une nuestras raíces más antiguas, nuestros orígenes, con el clasicismo más puro y la elegancia más actual.

Roma es olor a pizza recién horneada, son paseos en bicicleta cruzando jardines y edificios emblemáticos, son mapas de papel abiertos buscando una dirección, cámaras fotografiando, tratando de hacer eterno ese instante en la ciudad eterna.

Roma son cenas con vino a la luz de las velas, gotitas de gelatto resbalando sobre unos dedos que sostienen un cucurucho, son vespas recorriendo la ciudad imitando a Audrey Hepburn en «Vacaciones en Roma», son monedas en el aire esperando caer al agua con el deseo de regresar a la ciudad, son todos los tópicos que has escuchado sobre ella, pero mil cosas nuevas más. Roma es amor. 

 

De Roma me gusta todo..

El hecho de que sea un museo al aire libre, ir caminando y no saber dónde mirar ya que todo es precioso.

Las fuentes que cuentan historias de dioses romanos, de ninfas y sirenas, de caballos galopando sobre el agua y te embelesan por varios minutos (u horas).. 

.. y las que te recuerdan grandes escenas del cine (¿quién no ha soñado con bañarse en esa fuente?)

De Roma me gusta poder pasear por lo que un día fue el origen de lo que somos actualmente. De poder seguir disfrutando de lo que se alzó hace milenios en tan buen estado de conservación. 

Su arquitectura interna, la que sólo disfrutan aquellos que se adentran en las obras de arte renacentistas y barrocas. De Roma me gustan sus escaleras (y las del Vaticano y el secreto matemático que se esconde tras ellas).

.. y sus techos. Esos que hacen que sea imposible dar más de dos pasos sin pararte a fotografiar.

Recorrer la ciudad a bocados, por simple o básico que parezca el plato, siempre sabe tan delicioso.

Su Coliseo iluminado tras el atardecer. Sentarte en las escaleritas que hay frente a él e imaginar historias de batallas navales, de gladiadores, de grandes emperadores..

 

De Roma me gusta su luz, los restaurantes con manteles de cuadros rojos y blancos, sus preciosas fachadas en mármol. Sus esculturas, el ambiente que se respira en sus calles, ese olor a antigüedad que se respira como nuevo.

De Roma me gusta sentirme como una arqueóloga, como una artista tras la cámara y como la más entendida sobre arte mientras aprendo contemplando.

De Roma mi piace parlare italiano, come si fosse anch’io una italiana. El dolce far niente, el no ir con prisas. De Roma me gusta su arte.

De Roma mi pace tutto. ¿Y a vosotros?

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