Acércate sin miedo visitante, voy a enseñarte el secreto de la felicidad. Voy a transportarte a una vida sin preocupaciones, donde tu única inquietud es disfrutar y descubrir el maravilloso paisaje que nos rodea. Déjate atrapar por el misterio y la magia que se respira en el aire junto a este maravilloso olor a mar; mézclate con nuestra gente y adéntrate en nuestra cultura.
Ahora estás en mi isla. Bienvenido a Formentera.
Sé que no soy la primera en recibirte, perdona mi retraso, pero era imposible competir con el saludo de la brisa marina soplando entre tu pelo y tus dedos; o con los rayos de sol acariciando y tostando a la vez con dulzura tu piel. A estas alturas ya habrás descubierto que esos pequeños placeres son poco comparables al resto de cosas materiales que te hacían feliz días atrás. Esta isla tiene esa virtud, te ayuda a apreciar diminutos detalles que antes pasaban inadvertidos y que ahora parecen pequeños tesoros que te gustaría conservar eternamente.

Sígueme y saborearás grutas un día descubiertas por corsarios berberiscos, piratas y vikingos que, saciados de tesoros, los depositaban en las cuevas de Barbaria donde su brillo competía con el sol reflejado en el mar. Visita conmigo el faro de la Mola y déjate atrapar por la fantasía que envolvió a Julio Verne y a sus viajes y aventuras a través del mundo solar. Adéntrate conmigo en los cientos de agujeros de Julio Medem para aparecer justo en mitad de otro cuento; quizás uno de hippies que tomaron la isla como lema de paz y amor, o al de un Bob Dylan que necesitaba huir de su celebridad y justo aquí encontraba la tranquilidad que ningún otro lugar le proporcionaba.

Puedes estar tranquilo, no dejes que mis movimientos furtivos entre piedras y matas te asusten. Deja que tu curiosidad por mis colores verde esmeralda y azul turquesa, iguales a las que adornan nuestras aguas, crezca y se acerquen a mí, soy inofensiva y nos encontrarás en cada rincón que visites, cruzando con temeridad y valentía la tierra que tú ahora pisas pues nacimos aquí; entre dunas y piedras escarpadas. Mi curiosidad por ti también es insaciable, me gusta intentar adivinar de qué parte del mundo vienes; si has cruzado el mar buscándote a ti mismo o alejándote de una vida que no sientes propia, si este es un viaje de amor o amistad y si eres un hueso duro de roer o ya te sientes totalmente hechizado por mi y por mi isla. Ya lo ves, somos iguales, audaces y frágiles; pequeñas pero infinitas a la vez.

Ahora que ya sientes la curiosidad inicial, voy a crear en ti un nuevo estado, voy a generar la necesidad de más y más, podríamos llamarlo adicción, que hará que estés donde estés siempre quieras volver. Pero no te impacientes, aún queda mucho por ver y muchas aguas en las que zambullirte y aquí no se debe correr ni sentir prisas porque el tiempo se detuvo justo cuando bajaste del barco.

Podemos visitar la tranquilidad de arenas mezcladas con conchas de Illetes y Es Pujols, o los tonos más rojizos de Cala Saona. Si por el contrario eres un aventurero, te propongo un trampolín natural en Es Caló y en Sa Pedrera donde saltar dejando atrás aquello que te hace infeliz y adentrarte en un nuevo mundo que te invita a bucear y descubrir la vida marina mientras algún pulpo se acerca sigilosamente a observarte. Si lo que deseas es perderte podemos cruzar el pequeño istmo de corrientes que nos separa de Espalmador o el mar de piedras que nos lleva a Punta Prima.

Te invito a vivir esta admiración tranquila desde los acantilados de La Mola y Barbaria, a contemplar Argelia e Ibiza a lo lejos como si hablásemos de contemplar planetas, por no hablar de el manto de estrellas que nos cubrirá cuando el último rayo de sol se oculte al son de un «Con te partiró» que, seguramente, será la versión que más te erice la piel. Sígueme en la historia de nuestra vida. Sí, ya sé que Formentera te hace sentir como si fueras su descubridor y apenas hubiera sido habitada pero, tras el legado de los tartesos, hay otro de pescadores cuya fuente de supervivencia eran las barcas ancladas en los antiguos embarcaderos que hoy siguen aquí.

Podría pasar horas y horas hablándote de aguas tan cristalinas que bajo ellas ves palacios de posidonias, de higueras enormes que dan sombra a días tan soleados que hasta la noticia más triste queda en segundo plano y la sonrisa reaparece en tu cara. Así que ahora demuestra el intrépido trotamundos que he hecho brotar en ti y explora por ti mismo. Porque sí, el paraíso existe. Es el sitio donde agua y cielo son sinceros, donde contemplas la tierra de nuevo enamorado. Donde jamás acechan días de tormenta aunque el cielo llore a rayos o el mar te devore con rabia por los celos del oleaje. Porque hoy has descubierto el edén, y cuando te marches sólo pensarás en Formentera.

Y algún día volverás. Seguro.

3 Comments
  1. Me encanta la entrada, es preciosa y emocionante a la vez, al igual que la isla a la que describes. Desde luego consigue que quieras salir pitando a Formentera. ¡Un éxito en toda regla! Felicidades por tu entrada y por tu forma de expresarte y sentir.

    Aquí me declaro admirador eterno…(L)

    (Por cierto, fotografía de diez…)

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