Sofía, capital con nombre de mujer. Ciudad que, mientras el resto de Europa miraba a otro lado, defendió y protegió a sus ciudadanos judíos. El punto de inicio de un viaje a un país que os sorprenderá y el lugar donde el queso y el yogurt se encuentran prácticamente en cada plato. Hoy iniciamos un nuevo viaje a un país del que apenas conocíamos nada y del que hemos aprendido muchísimo. ¡Empieza nuestra pequeña ruta búlgara!

 

¡Vuelvo a la carga! 2017 terminó con un buen sabor de boca y el nuevo año no podía ser diferente. En esta ocasión, mi compañera de ruta es mi amiga y compañera de carrera Alba. Tengo que reconocer que ha sido el viaje menos pensado y planeado de la historia de este blog.

Unos días antes de marcharnos, empezamos a charlar diciendo que estaría bien si pudiéramos hacer un viaje juntas. Miramos vuelos y planteamos Bulgaria como posible destino pero no teníamos nada claro. Un par de días antes del viaje sacamos los billetes y reservamos el apartamento, que a veces hay que cometer locuras así y no pensar demasiado las cosas, ¡así llegan las grandes experiencias de la vida!

¿Por qué Bulgaria? Sinceramente, porque era el destino más económico y porque a ambas nos apetecía conocer una zona diferente de Europa, empaparnos de un país que, aunque en muchos aspectos no es tan distinto del otros mucho más conocidos, sí que tiene ese punto misterioso que nos llamaba la atención.

Nuestro vuelo salía desde la Terminal 1 de Madrid a las 6:15 de la mañana; después de pasar el control de pasaportes y DNI’s nos dirigimos a la puerta de embarque. Para ciudadanos de la Unión Europea no es necesario el pasaporte, pero yo había leído que en Sofía lo sellaban y me apetecía una nueva «marquita» entre las páginas de mi librito preferido, además siempre suelo llevarlo por si pierdo el otro documento de identidad o por cualquier emergencia.

El vuelo no fue demasiado agradable, prácticamente las 3 horas y media de duración viajamos con turbulencias. Aún así, como íbamos tan cansadas, intentamos dormir un poquito para poder disfrutar de la ciudad nada más llegar. La mayoría de vuelos que operan desde España a la capital búlgara, llegan a la Terminal 2. Pasamos el control de pasaportes de nuevo (¡y sí! consigo el preciado sello) y ya estamos listas para salir, aunque justo antes aprovechamos para cambiar 10€ en Levas en el aeropuerto para así tener algo de efectivo hasta poder cambiar en la ciudad.

Os recomiendo cambiar pequeñas cantidades en el aeropuerto, ya que el cambio es mucho peor que en un banco o en una casa de cambio. En nuestro caso, creo que cambiando únicamente 5€ hubiera sido suficiente.

Nuestro apartamento se encontraba en el centro de la ciudad y, aunque habíamos sabíamos que el taxi no era demasiado caro, también habíamos leído que hay muchos taxis piratas y que, a veces, te intentan timar; así que nos decidimos por el metro.

 

Hay un blog  que explica prácticamente todas las dudas que podáis tener a la hora de coger un taxi (aquí fue donde leímos que hay muchas compañías piratas y que hay que ser cuidadoso), de la gastronomía búlgara, de qué rutas hacer en función a los días que queráis dedicar al país.. y que a nosotras nos ayudó mucho. El blog es Mamá en Bulgaria (pinchando sobre el nombre os llevará directamente a su web), os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo porque os será de gran ayuda.

 

Encontrar la línea de metro es sencillo. Nada más salir de la Terminal 2, debemos dirigirnos a la izquierda, en menos de 100 metros, además de disfrutar de estas vistas, veréis la puerta de entrada al metro. El billete cuesta 1,60 Levas por persona y se compra en una maquinita que hay antes del acceso.

Es muy importante que guardéis el ticket ya que os lo pedirán durante el recorrido. 

La parada en la que debéis bajaros si vais al centro es Velichkov, 11 paradas después de montaros en el aeropuerto. Normalmente en cada estación viene el cartel con el nombre correspondiente, pero también podéis preguntar a alguien para que os ayude.

En nuestro caso, pedimos ayuda a un señor y nos avisó cuándo debíamos bajar y nos ayudó en todo lo que pudo.

Si hay algo que nos sorprendió mucho del metro en Sofía es que su aspecto no es nada moderno; parece el típico metro de hace 50 o 60 años, con un aspecto muy vintage que a nosotras nos gustó (incluso tomamos alguna fotografía como ésta). 

 

Desde Velichkov hasta nuestro apartamento únicamente hay 10 minutos caminando, así que nos ponemos los guantes, activamos el GPS y allá vamos.  Normalmente siempre que viajaba acababa reservando en hoteles, aún era reacia a probar Airbnb hasta que caí y vi que es todo un avance en muchos casos. Cuando estuve en Canadá la experiencia ya fue muy buena, y en Oporto confirmé que era una idea magnífica. Además, los hoteles en Bulgaria suelen ser caros y no demasiado modernos, así que (después de una criba muy rápida en Booking) tanto Alba como yo teníamos claro que reservaríamos un pequeño apartamento.

Para los que tengáis en mente viajar a Sofía, os recomiendo muy mucho el apartamento en el que nos alojamos. 

Para empezar, su ubicación era la mejor, no pudimos tener mejor suerte. Nos encontrábamos a menos de 5 minutos a pie de la catedral y de las atracciones turísticas más importantes de la ciudad, a un minuto caminando teníamos un supermercado y algún que otro cajero para poder sacar dinero. Además, Desislava, la dueña, nos ayudó en todo lo posible. Fue súper amable con nosotras e incluso nos dejó hacer un early check-in. Nos contestó con detalle cada pregunta que hicimos y, cuando no sabía la respuesta, lo buscaba para que no nos quedásemos con dudas.

 

Por no hablar de que el apartamento era una maravilla, todo perfectamente decorado. Calefacción todo el día (algo de agradecer cuando en la calle hay una temperatura de -5º) y agua caliente sin tener que ducharte rápido porque el termo se termina. Además de la comodidad que supone tener la independencia que tienes en tu propia casa, no tener que escuchar ruidos molestos o esperar para usar el baño. 

Por si estáis interesados, os dejo el enlace para que podáis echarle un vistazo. Como siempre, mi opinión es totalmente sincera y no he recibido ningún tipo de remuneración para hablar de ello, pero cuando encuentras un lugar tan bueno y donde te sientes tan cómoda, creo que es bueno compartirlo para que vosotros podáis disfrutarlo. Y como a veces las cosas buenas, bonitas y baratas sí que existen, os diré que el precio fue también un punto a favor. En total 5 días y 4 noches fueron 120€ las dos personas (15€ la noche por persona).

Después de instalarnos y deshacer maletas, salimos a comprar algo de comida para así poder desayunar y cenar en casa y ahorrar algo de dinero. El supermercado más famoso de la ciudad es Billa (creo que es el equivalente a nuestro Mercadona) y los precios son muy similares a España en muchos productos (en otros son muchísimo más baratos). El total de la compra fueron 40 levas, unos 20€.

Comemos en el apartamento y nos cambiamos de ropa, ya que íbamos con prendas muy cómodas para el viaje en avión y nos ponemos en marcha.

La primera parada del día (aunque hoy será un día muy light) es para visitar el centro espiritual de los judíos búlgaros, la Sinagoga de Sofía. Se encuentra a unos 10 minutos caminando desde nuestro apartamento, por lo que el paseo se hace breve (además de que en el trayecto ya nos encontramos con algunos de los edificios que visitaremos en los próximos días).

La entrada cuesta 3 levas por persona (1,5€) y está abierta hasta las 5 de la tarde. Eso sí, tened en cuenta que el sábado es su día sagrado y por tanto permanece cerrada. A mí ya me pasó en alguna ocasión en otros países y ¡desde entonces no se me olvida!

Su construcción simboliza la convivencia entre los pueblos búlgaro y hebreo; algo que nos gustó mucho de la ciudad, ya que es fácil encontrar diferentes edificios religiosos de varias religiones y culturas en total armonía. 

Actualmente es la mayor sinagoga sefardí de toda Europa y fue en 1909 cuando su construcción llegó a su fin. En esa época, Bulgaria vivía un momento de auge tras la liberación de la opresión otomana y los judíos decidieron conmemorar la esperanza de lo que habían vivido y esperaban vivir en el futuro, levantando el impresionante edificio que hoy vemos.

 

Está inspirada en la sinagoga de Viena y sus gastos se elevaron tanto que incluso existieron confrontaciones en la comunidad judía. El interior es una sala de oración con forma octogonal con nichos semicirculares en los cuatro rincones. Sobre éstos, se encuentra el lugar de oración para las mujeres. En total son 1170 personas las que puede albergar, además de contar con el Museo Judío de Historia que estudia y conserva imágenes y documentos relacionados con el patrimonio judío del país. 

 

Durante los años 1943 y 1944, la Sinagoga cerró sus puertas ya que la mayoría de judíos fueron deportados; además, ese último año sufrió un bombardeo que la destruyó parcialmente.

 

 

Lo más llamativo del interior son sus suelos cubiertos con mosaicos venecianos y la impresionante araña principal, de dos toneladas de peso (la más grande y pesada de todo el país). Entre la decoración, encontramos también una plataforma de mármol blanco que hace las funciones de altar y algunos objetos de arte aplicado.

Desde aquí nos acercamos a la Mezquita Banya Bashi, a pocos minutos de la sinagoga, en el boulevard María Luisa. Fue construida por a finales del siglo XVI, en el periodo de dominación otomana, convirtiéndola en una de las mezquitas más antiguas de Europa.

 

 

La entrada es totalmente gratuita; eso sí, deberéis descalzaros y cubrid vuestro cabello. El edificio fue construido sobre unos baños termales y es famoso por su cúpula de 15 metros de diámetro y su minarete. Actualmente es la única mezquita abierta al culto islámico en Sofía aunque hubo un momento que albergó 70.

 

 

Su interior puede albergar a unas 700 personas y además de la cúpula principal, tiene otras cuatro de menor tamaño en los rincones. Está decorado con azulejos de color turquesa y textos del Corán. Creo que (salvo la de Córdoba, que además actualmente es cristiana) era la primera vez que visitaba una mezquita que actúa como tal. El ambiente de recogimiento y el silencio en su interior es maravilloso, además de fascinarme su decoración tan sencilla pero elegante.

Tras la Mezquita se encuentra la Casa de los Baños o los Baños Centrales de Sofía, un edificio de 1906 que albergaba unos antiguos baños turcos. Durante 80 años estuvieron en funcionamiento, pero en 1986 cerraron debido al mal estado de las instalaciones y a su abandono. Actualmente funciona como Museo Histórico de la ciudad y, aunque el interior ya no dispone de las piscinas y salas para tratamientos, en el exterior siguen brotando las aguas termales que abastecían las piscinas del balneario. Nosotras ese día desconocíamos de la existencia de esas fuentes, así que volveríamos el último día para visitarlas de nuevo. 

 

 

El edificio sigue el estilo Secesión, integrando elementos búlgaros, bizantinos y ortodoxos, todo decorado con colores llamativos que hacen que el edificio capte toda la atención de los que pasean por la zona.

 

 

El día de visita está llegando a su fin para nosotras, aprovechamos para hacer alguna fotografía más con la luz que queda y nos dirigimos a la calle principal de la ciudad, el Bulevar Vitosha, donde se encuentran los principales comercios y restaurantes de la ciudad.

No tengo fotografías de esta calle, ya que empezó a llover y tuvimos que volver rápido al apartamento ya que habíamos olvidado el paraguas. Igualmente necesitamos descansar, apenas hemos dormido ya que nuestro vuelo salía muy temprano y mañana es un día intenso. Queremos visitar Plovdiv y descubrir una ciudad que promete mucho.

Espero que este primer día (cortito, pero intenso) os haya abierto el apetito para seguir descubriendo más de nuestro viaje por Bulgaria. Os espero en la próxima entrada. ¡Muchas gracias por leerme!

 

 

 

 

 

 

 

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