El poeta Juan Ramón Jimenez escribió en «Diario de un poeta recién casado» que en la primavera universal, el paraíso desciende hasta Sevilla. No es necesario aguardar hasta esa estación para disfrutar de la capital andaluza, Sevilla hechiza todo el año y su clima te hará pensar a tu paso los árboles florecerán sin necesidad de esperar a Abril.

 

Llegó el momento de recorrer de nuevo las calles de mi Sevilla. Cada año intento hacer una escapada y volver a sentir esa magia que me conquistó hace casi 10 años; el notar la brisa cálida del Guadalquivir al pasear por sus puentes, el olor a incienso envolviendo la catedral, el sol brillando con intensidad sin importar la estación en la que nos encontremos, la vida que tiene sus calles y el ambiente tan maravilloso que te atrapa desde el primer día. Sevilla es una ciudad para vivirla y disfrutarla.

Empezamos el día acercándonos al arco de la Macarena, mi hermano vive por la zona y ha sido el encargado de alojarnos en estas dos primeras noches (¡gracias Alejandro!). Aunque nuestra primera intención es desayunar ya en el centro, una antigua tentación nos hace cambiar de idea rápidamente. Justo frente al arco de la Macarena hay una pequeña churrería Familia Alfonso; en mi primer año de carrera, cuando mis padres venían a visitarme a Sevilla, mi padre bajaba aquí para que pudiéramos desayunar churros con chocolate.

Además de estar buenísimos (especialmente los de rosca) era un recuerdo que me apetecía traer de nuevo a mi vida así que ¡qué mejor sitio para empezar el día que este!

Desde aquí cruzamos para visitar la Basílica de la Esperanza Macarena, el templo católico que da nombre al barrio donde nos encontramos.  Fue construido en 1941 y en su interior se albergan las imágenes de María Santísima de la Esperanza Macarena y Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. Si hay algo por lo que es famosa Sevilla (además de su patrimonio arquitectónico) es por su imaginería barroca y su Semana Santa; venir a Sevilla y no dedicar una parte del tiempo a descubrir este tipo de arte es casi un sacrilegio. No importa si sois religiosos o no, es parte de la cultura de la ciudad.

¿El problema que encontramos? Que había una ofrenda a la Virgen del Carmen y no se podía subir al camarín, así que tuvimos que conformarnos con verla desde lejos. Desde aquí tenemos muy cerca la Alameda de Hércules que, aunque ya la visitamos anoche, queríamos volver a pasar a plena luz del día, ya que cambia totalmente con las fuentes encendidas y el sol brillando sobre sus azulejos blancos y azules.

Caminando a través de la Alameda llegamos a la Plaza del Duque y, antes de adentrarnos en calle Sierpes, caminamos hacia la derecha para acercarnos a la iglesia de la Hermandad del Silencio, en la calle San Antonio Abad. Allí se encuentra la imagen de Jesús nazareno en el momento que abraza la cruz. Es una de las pocas imágenes que lleva la cruz en posición inversa, demostrando su antigüedad, ya que así se representaba en el renacimiento,

 

 

 

Llegamos ahora a calle Sierpes, la calle más famosa de Sevilla, donde se encuentran algunos de los negocios más antiguos de la ciudad y edificios preciosos (y sí, muchas tiendas de souvenirs). Al final de la calle, si giramos a la izquierda llegaremos a la Plaza del Salvador, donde se encuentra la iglesia del mismo nombre.

Una plaza que por las mañanas está muy transitada por turistas y locales que se acercan a ver la iglesia, y los jueves por la noche se llena de gente joven que se reúne para despejarse de toda la semana y tomar unas cervezas entre amigos. 

Deshaciendo nuestros pasos, llegamos de nuevo al Ayuntamiento y a Plaza Nueva, el escenario de numerosas ferias comerciales, festejos y manifestaciones, pero también donde los niños acuden a jugar. Es, además el lugar donde las cofradías de Semana Santa circulan en su carrera oficial, ya que tribuna se encuentra justo en la parte contraria del ayuntamiento.

 

 

 

Lo más importante artísticamente son ambas fachadas del edificio, la de Plaza Nueva del siglo XIX y la de San Francisco del siglo XV, siguiendo el estilo plateresco y mostrando representaciones de personajes históricos, míticos, heráldicas y emblemas de los fundadores de la ciudad.

Cerca, e iniciando ya el camino hacia la Catedral, se elevan varios edificios que destacan por su arquitectura, como el edificio de Telefónica, el edificio del Banco de Bilbao, la Casa Longoria, con una torre mirador en esquina y la Capilla de San Onofre.

 

En pocos minutos aparece ya, imponente, la Catedral de Sevilla, la gran imprescindible si visitas la ciudad, no sólo por su importancia histórica y artística, sino por lo bonita que es y su tamaño (es una de las más grandes del mundo).  Cuenta una leyenda, que cuando la construyeron dijeron “hagamos un templo tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos”. Independientemente de nuestro pensamiento, lo cierto es que es el templo gótico más grande del mundo y el tercero más grande de la cristiandad.

Es Patrimonio de la humanidad desde 1987 y en su interior encontraremos el altar más grande del mundo, además de la tumba de Colón.  Hasta mediados del siglo XX fue el edificio más alto de España, con 101 metros de altura gracias a su Giralda.

Si caminamos rodeando la Catedral, además de descubrir sus numerosas puertas, como la del Perdón, nos toparemos con la Giralda. Pero antes os dejo una pequeña explicación de la que es la puerta más antigua de la catedral. En la parte derecha se encuentra San Pedro, representado con pelo y barba cortos y las llaves del cielo en la mano. En el lado opuesto se encuentra San Pablo, con una espada en la mano, el arma con la que fue decapitado.

Y ya sí que sí, aquí tenemos la Giralda. Una de las grandes fotografiadas de la ciudad. En su parte superior encontramos una inscripción muy significativa que recorre sus cuatro caras ‘Turris fortissima nomen DNI Proverb. 18‘ (‘La torre más fuerte es el Nombre del Señor’). Coronándola encontramos la estatua de bronce del Giraldillo, que representa el triunfo del cristianismo sobre el mundo musulmán. Es la estatua de bronce más grande realizada en Europa en el Renacimiento, con 3,47 metros de altura y 1,2 toneladas de peso.

Bajo la Giralda se encuentra la Plaza de la Virgen de los Reyes, una de las plazas más transitadas de Sevilla debido a la cantidad de turistas que se acercan a visitar la Catedral. Es prácticamente peatonal, con alguna excepción, y el hecho de estar repleta de naranjos y coches de caballos le da un aspecto muy de Sevilla.

En el centro de la plaza se levanta una fuente de piedra coronada por una farola de forja rematada por una pequeña cruz, y que hace las delicias de todos los que buscamos una fotografía con la Catedral de fondo.

Hay un dato que a todo el mundo llama la atención al visitar el exterior de la Catedral y es el hecho de estar totalmente rodeada por cadenas. Esto se debe a que, tras el descubrimiento de América, se hizo habitual en los alrededores el comercio, incluida la trata de esclavos. Ante una situación que se veía incontrolable, decidieron tomar una decisión drástica y prohibir cualquier tipo de negocio.

 

Es el turno ahora de Los Reales Alcázares de Sevilla

Salimos del Alcázar muertas de hambre y, como manda la tradición, nos acercamos a uno de mis sitios preferidos Gago 6. Lo descubrí hace unos años y, siempre que vuelvo a la ciudad me acerco para comer sus famosos huevos revueltos con jamón. 

Después de comer nos adentramos en el barrio de Santa Cruz, uno de los barrios que nos muestra la Sevilla más auténtica, donde nos envolveremos del magnetismo que desprenden sus patios repletos de flores y sus sinuosas callejuelas.

Como no podía ser de otra forma, la siguiente parada es Plaza de España, la plaza más bonita de todo el mundo. Visitar Sevilla y no hacerse una foto en el banco de tu provincia es como no haber estado en la ciudad.

 

 

Volvemos atrás en nuestros pasos para acercarnos a una parte preciosa de la ciudad, pero haciendo antes un pequeño stop en la antigua fábrica de tabacos, actual Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Estudiar aquí es un lujo, es estudiar dentro de la historia de la ciudad. En un lugar que forma parte de la literatura y cine de nuestro país y que no se trata de un edificio más, sino en un lugar donde cada rincón tiene un detalle único o una escultura con un pasado que contar.

 Paseando llegamos por fin a la Torre del Oro y a las orillas del Guadalquivir donde también se encuentra la Plaza de la Maestranza.

Antes de marcharnos a casa para recoger a mi hermano e ir a cenar, aprovechamos para disfrutar del Puente de Triana y del ambiente que se respira a su alrededor.

Para cenar, y aunque no es nada típico en Sevilla, tenía que ir si o si a uno de mis lugares favoritos de la ciudad. El restaurante Wasabi, en la Alameda de Hércules. En mi último año en la ciudad era (demasiado) asidua a este local; tienen sushi de calidad, hecho en el momento y con buen pescado, por no hablar del precio. Creo que, en su momento, llegaba a pedir hasta dos veces por semana para que lo trajeran a casa.

Podéis pedirlo a vuestro gusto o elegir unas bandejas variadas a 12€ por persona, que incluyen nigiris, makis y gunkan. El único inconveniente de este restaurante es su limitado espacio. Nosotros éramos 5 personas y no podíamos mirarnos (de hecho dos de nosotros estábamos de espaldas al resto), pero realmente el sushi merece la pena y es sólo un ratito, y si sois menos de 5 es perfecto.

Antes de volver a casa y despedirnos, ya que nosotras nos marchamos a Córdoba, decidimos darnos otro caprichito y nos acercamos a Starbucks a por unos muffins. Que sí, que cualquier pastelería tiene dulces típicos y más sabrosos, pero era una de nuestras «tradiciones» en Sevilla y eso hay que respetarlo.

Volvemos a casa ya que mañana nuestro día será de nuevo intenso, nos marchamos a Córdoba a disfrutar de su salmorejo, de su arquitectura y su buen tiempo. ¡Espero que nos acompañéis!

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