Francia es un país maravilloso. Es cierto que la joya de la corona es París, pero tiene ciudades tan bonitas que recorrer el país vecino es todo un lujo. Hoy llegamos a la ciudad con nombre de vino, pero que ofrece mucho más que eso. ¿Nos acompañáis?

 

De nuevo de vuelta a las andadas. Si el año pasado viajaba con él a Praga y París, este año nos hemos decidido por otra ciudad francesa para terminar de nuevo en París, donde vive mi primo @adpanrue. Se dice que las mejores cosas suceden cuando apenas las planeas y, últimamente he decidido seguir ese consejo (¡y no me va nada mal!) así que una semana y media antes empezamos a a barajar posibles destinos y apareció Burdeos entre ellos.

Como os decía (y como habréis podido leer en mis anteriores entradas) ya conocía París y tenía muchas ganas de seguir descubriendo Francia. Creo que, como ocurre con Italia, tiene muchas ciudades preciosas y no sólo su capital, siguiendo un mismo estilo y con rincones maravillosos, así que cuando propuso Burdeos no pude negarme.

Como ya sucedió en nuestro viaje a Praga, cada uno llegábamos a la ciudades desde diferentes puntos. Yo desde Madrid y vía aérea y mi primo desde la capital francesa en tren (además de nuevo, llegábamos a diferentes horarios) El vuelo desde Madrid dura una hora y media aproximadamente, mientras que el tren salía desde la estación de Montparnasse y tardaba algo menos de dos horas.

 

¿Cómo llegar al centro de Burdeos desde estas dos vías?

Desde el aeropuerto la forma más sencilla de llegar al centro de la ciudad es con el autobús urbano (en concreto la Línea 1), debéis bajaros en Gambetta – Meriadeck. Desde aquí son únicamente 10 minutos a pie hasta la Plaza de la Bolsa (donde se encontraba nuestro apartamento). El precio del ticket es 1,60€ y se compra en una máquina que hay justo en la parada del aeropuerto.

Desde la estación de trenes es igual de sencillo. Tan sólo hay que tomar la línea C del tranvía que sale desde la estación y os deja en la Plaza de la Bolsa. De nuevo, el precio del ticket es 1,60€ y son únicamente 5 paradas.

 

Son aproximadamente las 6 de la tarde y los dos estamos hambrientos así que dejamos las maletas en el apartamento y salimos a la calle a dar un paseo y buscar dónde comer. Siguiendo la tradición de Praga, acabamos en un Subway (ya mañana comeremos en un lugar más típico, pero aún no nos ha dado tiempo a buscar sitios recomendados y todos los que encontramos en nuestro paseo son carísimos).

El tiempo no acompaña demasiado, llueve y no llevamos paraguas así que damos únicamente un paseo rápido y nos volvemos al hotel a preparar la ruta de mañana; eso sí, en nuestro recorrido encontramos rincones tan maravillosos como la Plaza de la Bolsa (totalmente iluminada) o la catedral. ¡Os dejo alguna fotografía para que se os abra el apetito!

 

Sé que no es la entrada más interesante del mundo, pero sí que tenéis algo de información valioso sobre cómo llegar al centro de la ciudad, pero en la próxima entrada tendréis un recorrido detallado de la preciosa Burdeos. ¡Os espero para contaros todo en ella!

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