Hoy salimos a navegar!!! Una de las mejores formas de recorrer el lago es desde el agua y, como en la familia somos todos muy marineros, ¿qué mejor plan para hoy? Aunque el pronóstico decía que podría llover, decidimos arriesgarnos y salir a recorrer el lago de la mejor forma posible. No pudo ser mejor, desde el agua el paisaje es espectacular y además pudimos ver de cerca cómo se entrenaban los chicos que practican flysurf.

 

Suena el despertador temprano, aunque no tanto como ayer. Somos 6 en una casa con una sola ducha por lo que madrugar para empezar a arreglarse es casi obligatorio. Desayunamos en familia en casa y empezamos a preparar los bocadillos que nos llevaremos para el almuerzo. Hasta las 12 no tenemos que estar en el puerto, así que no hay demasiada prisa.

Llegamos a la zona de embarcación unos 15 minutos antes y, tras terminar de acordar con el chico del alquiler el horario de vuelta, empezamos con la ruta.

En este mapa podéis ver el lago di Como al completo, nosotros comenzamos nuestra travesía en Varenna, bordeando toda la costa noreste del lago para finalmente volver por la costa oeste hasta llegar de nuevo a Varenna.

Tuvimos que prescindir de toda la zona del sur (salvo Bellagio y Como que ya las visitamos ayer), pero con 4 horas no da tiempo a recorrer mucho más y preferimos sacrificar esas zonas a ir demasiado rápido y finalmente no ver nada.

Y ahora sí ¡empezamos!

El lago di Como tiene una extensión de 146 kilómetros cuadrados, situados muy cerca de la frontera con Suiza, por lo que la imagen habitual que encontraremos allá donde dirijamos la mirada serán altísimas montañas con pequeños espacios donde se asientan las casas que forman estos preciosos y pintorescos pueblos.

Como podéis ver, el lago tiene una forma irregular, con apariencia de Y invertida; repartiendo sus aguas en tres estrechos pasillos unidos en la zona central, más o menos a la altura de Bellagio. Gracias a esta «estrechez», aquellos que decidan navegar el lago podrán apreciar con mucha nitidez cada paisaje y detalle de los pueblos.

A pocos minutos de empezar nuestra travesía, contemplamos el primer pueblo, Bellano. En el año 705, la ciudad pertenecía a los arzobispos de Milán, que decidieron construir un castillo y un palacio residencial; durante el renacimiento, la zona paso a manos del Ducado de Milán consiguiendo incluso sus propios estatutos. Lo más significativo de Bellano es la parroquia de los Santos Nazaro y Celso.

Poco a poco se divisa Dervio, un pueblo de fundación romana donde aún se pueden encontrar los restos de la civilización galo-romana, además este pueblo nos ofrece el castillo de Andrea Counts y varias iglesias como la de los Santos Quirico y Julieta o la de Santa Cecilia.

Desde este punto, el viento crea un área perfecta para practicar deportes acuáticos como la vela, el windsurf o el flysurf, de hecho en un territorio tan pequeño hay cuatro escuelas de vela y, en pocos minutos, empezaremos a cruzarnos a algunos de estos deportistas.

 

Muy cerca aparece el último pueblo en la orilla oriental del Alto Lago, Colico, una zona con una larga tradición en la cría de ganado que actualmente está convirtiéndose en un importante centro industrial. Fue una colonia de origen romano que durante mucho tiempo estuvo deshabitada debido a las inundaciones. Uno de sus atractivos turísticos es la playa de Piona, donde además se encuentra la abadía del mismo nombre. La antigua abadía es uno de los mayores trabajos de la arquitectura de la zona, fue fundada en el siglo XII, aunque del primer conjunto sólo queda la iglesia de San Nicolao.

 

Antes de empezar a cambiar el sentido de la navegación, aprovechamos para sacar algunas fotografías a los chicos que practicaban flysurf cerca de nosotros y disfrutar viéndolos volar literalmente (incluso no pudimos evitar aplaudir).

El tiempo empeora un poco, hace más viento y frío y es inevitable que la lancha de saltos sobre el agua mojándonos más de lo que nos hubiera gustado; por eso os recomiendo encarecidamente que, aunque la previsión sea buena, llevéis siempre un jersey, sudadera o chaqueta por si finalmente refresca.

Aún así, el agua no está demasiado revuelta y podemos seguir navegando sin demasiado problema eso sí, bien abrigados y bajo el toldo (menos Nacho y su hermano que, como véis, transformaron el barco en una atracción y se lo pasaron pipa dando botes jaja)

Los siguientes pueblecitos que encontramos son Domaso, un antiguo pueblo de pescadores que se ha conservado intactas a lo largo de los años las características que le permiten realizar esta actividad pesquera, pero renovándose para convertirse en un centro turístico muy activo; y Gravedona, más protegida por las montañas que su vecina, donde se encuentra la espectacular iglesia Santa Maria del Tiglio, un edificio bautismal del siglo XII, que se puede ver desde el lago con todo lujo de detalle.


 

Aunque en un primer momento nos planteamos ir parando en cada pueblecito, finalmente decidimos hacer una única parada para comer en Dongo, atracamos el barco justo ante un renting de barcos, Newton rent a boat, que además tenía un pequeño chiringuito donde pudimos comprar algunas bebidas para acompañar a nuestros bocadillos y reponer fuerzas antes de volver a la embarcación.

Aceleramos ahora el ritmo de la excursión para poder contemplar de cerca la Villa del Balbianello, en el municipio de Lenno. Fue construida en 1787 sobre un monasterio franciscano a manos de un cardenal, a su muerte un político compró la villa, mejorando los jardines y la logia. En el año 1974, un explorador la adquirió de nuevo, llenándola de objetos traídos de sus expediciones. Actualmente Villa del Balbianello pertenece al Fondo per l’Ambiente Italiano.

Quizás por ese nombre no os resulte familiar, pero fue aquí donde se rodó Casino Royale, concretamente la escena donde James Bond se encuentra convaleciente. Pero no es la única película que ha decidido utilizar esta villa como escenario, el Episodio II (el ataque de los Clones) de Star Wars la retrató como el planeta Naboo.

Dejamos para el final Villa Carlotta, otra villa (esta vez del año 1745) construida para un Marqués de Milán. Recibió su nombre por su dueña, una princesa de Prusia que la recibió como regalo al casarse con Jorge II de Sajonia. Su interior alberga una enorme colección de obras de arte de Antonio Canova, además de conservar aún los muebles de la época.

A sus pies hay una enorme superficie de 3000 metros cuadrados convertida en impresionantes jardines donde pasear entre hileras de flores y enormes arbustos que crean un pequeño laberinto.

Volvemos a Varenna a las 4 de la tarde aproximadamente, y damos una pequeña caminata por el paseo cercano a los embarcaderos (una zona preciosa ya que se encuentran enormes casas y mansiones con jardines verticales adornándolas, con esas preciosas cascadas de glicinias que tanto nos enamoraron.

 

Antes de volver a casa, aprovechamos para hacer la compra en el pueblo que se encuentra justo al lado de Varenna (aunque no recuerdo el nombre) y damos otro paseo sobre la orilla de guijarros del lago.

 

Contemplamos la puesta de sol desde nuestro apartamento, que no podía tener mejores vistas al lago y esa noche cenamos en casa en familia, jugando a las cartas y a los dados (y por muy bonito que fuera el paisaje tras esos muros, nosotros lo pasamos de lujo viviendo esos momentos en familia). Mañana recorreremos un par de pueblos más antes de volver a Bérgamo, ¡espero que estéis aquí para leer la continuación de nuesta ruta! ¡Gracias por leerme!

 

 

 

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