Quinto día de ruta y hoy deshacemos el camino andado, de vuelta a Bérgamo pero esta vez descubriendo un castillo que vigila la ciudad de Varenna y recorriendo Lecco, el lago de Iseo y la ciudad que lleva el mismo nombre. Nuestro road trip por la Italia lombarda llega a su fin, pero nos deja con un buen sabor de boca con las últimas estampas de los pueblos italianos reflejadas en sus hermosos lagos.   

 

Hoy nos toca dejar nuestro apartamento en Varenna, con sus maravillosas vistas al lago. Esta noche volveremos a dormir en Bérgamo antes de marcharnos mañana, pero aún nos quedan muchas cosas por visitar y no hay ni un segundo que perder. Tras recoger el apartamento, arreglarnos y hacer maletas, nos montamos en la furgoneta con intención de empezar a conducir, pero hacemos un alto en el camino para conocer una de las joyas de Varenna, el Castillo de Vezio.

Para llegar a él es necesaria una caminata de unos 45 minutos en ascenso. Dejamos el coche en un parking y ¡empezamos la subida! El castillo de Vezio es un antiguo puesto militar medieval, construido para defender y controlar el lago y los pueblos que lo rodean debido a que ésta era una zona militar y comercial estratégica.

Aunque la subida no es la más cómoda del mundo, tampoco se hace demasiado complicada y menos al poder disfrutar de unas vistas maravillosas del lago.

Para poder entrar al castillo es necesario pagar una entrada, en nuestro caso pudimos reducir un poquito el precio indicando que éramos estudiantes (vale, hace ya algunos años que no lo somos, pero tener carita de jóvenes ayuda en estos casos) La entrada sin reducción cuesta 4€, para mayores de 65 y estudiantes la entrada se reduce a 3€ y para menores de 12 años 2€.

Una de las primeras curiosidades de este castillo es un pequeño centro de cetrería, donde encontraremos aves de todas partes del mundo.  Al parecer, se realizan exhibiciones con estas aves, pero nosotros no encontramos los horarios. Aún así, os recomiendo echar un vistazo para poder disfrutar de estas demostraciones.

Tras esta zona, se encuentra el acceso al Castillo. Consta con una torre de avistamiento con base cuadrada a la que se accede desde un pequeño puente levadizo que, además, se puede visitar. Las vistas una vez lleguéis arriba os quitarán el habla.

Si hay algo bonito en la zona del lago di Como, en especial de Varenna es que han sabido aprovechar a la perfección las laderas de las montañas para crear miradores preciosos donde pasarías el día tratando de retratar la belleza del paisaje y el contraste de azules y verdes que colorean el entorno.

Justo a la derecha de esta torre, encontramos otra especie de torreta, aunque ésta actualmente sólo tiene fines turísticos (y algún objeto de la época para poder contemplarlo)

Fuera encontramos otro de los miradores del Castillo, adornado con una gran cantidad de plantas y figuras de cemento que se asemejan a capas de fantasmas.

La bajada se hace mucho más sencilla, aunque las piedras resbalan un poquito, pero con cuidado ¡no hay problema! Una vez que llegamos abajo nos ponemos en marcha rumbo a Lecco.

Lecco es una ciudad pequeñita con bastantes puntos a visitar si tenéis tiempo, en nuestro caso, al ir en ruta íbamos eligiendo pinceladas de cada sitio para poder abarcar más. La ciudad es conocida por ser la residencia veraniega del escritor Alessandro Manzoni.

 

En Lecco visitamos el Monumento a los Caídos, una estela de granito y bronce situada a orillas del lago, en el lugar donde se encontraba el cuartel de los prisioneros de guerra croatas. Más tarde este monumento se unió a los conflictos de África y a las tumbas de los caídos en la Segunda Guerra Mundial. El momento representa los diferentes momentos de la vida de un soldado, los momentos más gloriosos de la disputa, además de mostrar una figura femenina con las alas plegadas y mirando con cara afligida al cielo, un símbolo del país.

También aprovechamos la orilla del lago para sacar algunas fotos en familia

 

Encontrar un lugar económico donde comer el Lecco no fue fácil. Era día festivo, por lo que casi todos los restaurantes estaban cerrados y, los que no, tenían un precio demasiado elevado. Finalmente encontramos en pleno centro de la ciudad Il Forno di Nonna Pallina, donde comimos pizzas, risotto y unos cannolis que quitaban el sentío’, a un precio bastante razonable.

Antes de marcharnos de Lecco visitamos también la Basílica de San Nicolò, el patrón de la ciudad que, a su vez, es patrón de los marineros. Es una basílica anterior al siglo XIII, aunque se reconstruyó a mediados del siglo XVI y continuó durante dos siglos. No fue hasta 1831 – 1862 cuando adquirió su aspecto actual.

Aprovechamos también para dar un paseo contemplando todos los barquitos y nos marchamos a Iseo haciendo un par de paradas en un par de pueblos de los que no recuerdo el nombre pero de los que os dejo alguna imagen porque nos encantaron. Pasear por ellos te transportaba a hace décadas, me sentía como en la película Bajo el sol de la Tosca (salvando las diferencias, obvio).

Otro de los pueblos que no puede faltar en nuestra visita a este bonito rincón italiano es el de Iseo, que además de darle nombre al lago, es un precioso pueblo donde alojarnos por un par de noches y poder descubrir todos los secretos que nos depara la bella Italia. Además de visitar su embarcadero, siguiendo el estilo de la zona, un paseo por su centro nos encandilará por la bonita arquitectura local y los buenos restaurantes que pululan en la zona.

La última parada antes de volver a Bérgamo es Iseo, que da nombre al famoso lago. Apenas tuvimos tiempo de descubrir demasiado, pero pasear por sus calles me creó la necesidad de volver en el futuro. Es una ciudad con un encanto especial, donde hasta la luz parece más bonita. Además los comercios están adornados con mucho gusto, encuentras tiendas de segunda mano con auténticas reliquias y los árboles en tonalidades moradas resaltan aún más la belleza de sus callejones.

Además, pudimos contemplar una puesta de sol a las orillas del lago, éramos espectadores de lujo como podréis ver en las fotografías.

 

Llegamos a Bérgamo ya de noche, dejamos las cosas en el mismo hotel que nos albergó hace unos días y salimos a buscar un restaurante para cenar, pero esta vez en la parte baja de la ciudad. Al vecchio tagliere fue nuestro elegido, un restaurante italiano con una paste riquísima y en un patio precioso. Una gran manera de concluir el día, no sin antes tomarnos un cócktel en un pub muy cerca del restaurante.

Mañana dejamos Italia, pero aún nos queda pasear por Bérgamo durante la mañana, y descubrir así la ciudad con otros ojos.

¡Espero que os haya gustado esta entrada y estad atentos a la última! Muchas gracias por leerme.

 

 

 

 

 

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