Nuestra ruta en Italia llega a su fin, aunque no sin antes volver a recorrer la cittá alta de Bérgamo que tanto nos gustó al anochecer, queremos escudriñar cada detalle y visitar el interior de sus edificios más importantes y enamorarnos aún más de una ciudad que, a priori, no parecía ser más que un lugar de paso y que se está convirtiendo en todo un hallazgo. Después de comer nos espera un vuelo de vuelta a Ibiza, pero aún quedan horas para eso así que ¡Bérgamo estamos deseosos de seguir descubriendo tus tesoros!

 

Como hace unos días, el hotel Bergamum B&B nos hace dejar la habitación muy pronto, aunque eso nos ayuda a ser madrugadores para visitar la ciudad. Marta, mi cuñada tenía su vuelo a Berlín por la mañana temprano, así que no nos acompañaría en esta jornada, pero el resto tenemos muchas ganas de exprimir las últimas horas en Italia al máximo. De nuevo desayunamos en Bar Barrique, sus tostadas nos encandilaron hace un par de días así que ¡donde se desayuna bien hay que volver! Y nos ponemos en marcha a la parte alta de la ciudad.

Dejamos la furgoneta y empezamos a caminar. El día ha amanecido algo nublado y frío, pero eso no impide que busquemos un mirador para empezar nuestra caminata.

Prácticamente desde cualquier mirador de la parte alta de la ciudad podréis tener la ciudad a vuestros pies, pero si buscáis podréis encontrar joyas como la fotografía que os dejo a continuación.

Era un edificio precioso y, a través de sus rejas se veía un cielo sin rastro de nubes grises y que adivinaba unas vistas de ensueño. Lo mejor, una vez que cruzabas esas rejas, el paisaje seguía siendo igual de mágico.

Antes de callejear hacia la Piazza Vecchia, nos topamos con un par de edificios súper interesantes como el Liceo Classico Paolo Sarpi, un edificio que a mi me recordó a la Sorbona de París. Y diréis: «¿por qué?, si no tienen nada que ver». No os falta razón pero por algún motivo mi mente se transportó a las columnas jónicas de la universidad francesa nada más ver esta fachada. (Sí, a veces la mente es así jajaj)

Pronto damos con la parte trasera de la Piazza Vecchia y la Basílica de Santa María la Mayor, el monumento más importante de la ciudad, una basílica monumental edificada por los ciudadanos a modo de promesa a la Virgen tras los episodios de peste del año 1135. Puede que el exterior nos lleve a confusión, ya que se trata de una fachada románica que nada tiene que ver con lo que nos depara una vez crucemos las puertas. La entrada es gratuita pero los horarios cambian dependiendo de la época del año en que nos encontremos.

 

El interior es, como veis, una auténtica obra de arte. Bóvedas con frescos, una gigante y luminosa cúpula, y una talla de un cristo nos reciben para dejarnos boquiabiertos. El coro y el confesionario son otros dos elementos a tener muy en cuenta, pero lo mejor es que recorráis todo el perímetro de la basílica y os deleitéis sin necesidad de más explicación.

A la derecha la Capilla Coleoni, ordenada por el militar Bartolomeo Colleoni que, en primer lugar, mandó destruir la sacristía de Santa María la Mayor para hacer construir así un lugar donde descansarían sus restos tras su muerte. No se lo pensó dos veces, y para ello llamó a uno de los mejores arquitectos y escultores de la época: Giovanni Antonio Amadeo. La entrada también es gratuita, pero no permiten realizar fotografías en el interior.

 

A la izquierda se encuentra el Duomo. Mucha gente cree erróneamente que la Basílica ejerce de catedral, pero no es así. Realmente, al compararlas, el Duomo sale perdiendo. La fachada es muy sencilla, siguiendo un estilo clásico que contrasta con la Capilla y la Basílica.

Está dedicada a Sant’Alessandro, el patrón de la ciudad, y la entrada es también gratuita. Aunque el interior tampoco puede hacer competencia a la basílica, alberga numerosas obras de arte y frescos italianos de enorme valor.

Justo frente al Duomo se encuentra un baptisterio, dedicado a los bautismos pero que es difícil de visitar ya que suele estar cerrado o usándose para ceremonias.

 

Por último, para terminar el paseo por la Cittá Alta recorremos de nuevo el Palazzo della Ragione y ¿recordáis que en la primera entrada sobre Bérgamo os dije que bajo esta galería se encuentra un reloj de sol?  ¡Pues aquí tenéis al responsable! Este pequeño solecito logra dar la fecha exacta hace más de 300 años.

Paseamos de camino al coche y bajamos a la parte baja de la ciudad, donde nos despedimos del resto de la familia. Nosotros aprovechamos para comer en un japonés que vimos la noche anterior y que nos apetecía muchísimo. El restaurante se llamaba Okai, y tengo que reconocer que ¡nos encantó!

¡Se me olvidaba, por la mañana, antes de subir a la parte alta de la ciudad, habíamos dejado nuestras maletas en una consigna en la estación de autobuses  (creo recordar que el precio fueron 4€ ). Tras comer, damos un pequeño paseo por la parte baja de la ciudad y vamos a recogerlas, cogemos un bus de camino al aeropuerto de Bérgamo, desde donde saldríamos rumbo de nuevo a Ibiza.

Espero de todo corazón que os haya gustado leer estas entradas y que os animéis a visitar el lago di Como y sus alrededores porque os encantará. Cualquier duda que tengáis estaré encantada de resolverla, y cualquier comentario que os apetezca hacer será bien recibido.

 

¡Os espero en mi próximo destino !

 

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