Me encuentro a pocas horas de alcanzar mi destino. Mi llegada a Yangón es inminente; pero como todos sabéis, viajar al sudeste asiático implica invertir al menos dos días viviendo entre aviones.

Hoy toca hacer escala en el aeropuerto de Pekín para que se produzca, por fin esa esperada llegada a Yangón.

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Ha sido el vuelo más tedioso y horrible que he vivido. Y no, no ayudaba saber que volaba sobre Rusia, Mongolia y China.

 

Como ya adelantaba en la entrada anterior, Air China no tiene asientos demasiado cómodos. Por más que te reclines, no llegas a coger una postura «cómoda».

Lo peor del viaje es que, nada más subirnos al avión, una niña de menos de dos años, empezó a llorar y a berrear. Normalmente soy la persona más comprensiva del mundo con esta situación, los niños son niños y a veces lloran sin consuelo (y oye, si quieres viajar sin ningún tipo de molestia, para eso está primera clase).

En este caso era imposible no desesperarse. La madre no intentaba calmarla, al contrario, la ignoraba mientras todo el avión miraba con indignación. Tuvimos que viajar con el llanto de esta niña como banda sonora durante unas 10 interminables horas.

Vuelo a Pekín

Pero no todo iba a ser negativo. Cuando por fin sale el sol (sobrevolando la zona que une Mongolia con China); desde la ventana se aprecia un paisaje montañoso totalmente nevado que me conquista y es en ese momento cuando decido incluir Mongolia en mi lista de lugares que visitar.

No sé si es algo que sólo me pasa a mi o hay gente que comparte ese sentimiento, pero cuanto más desconocido y raro parece el destino, más me atrae y me llama a visitarlo.

Llegamos a Pekín casi a las 12 de la mañana y, aunque la escala era de varias horas, no eran suficientes como para salir a descubrir la ciudad.

El aeropuerto de Beijing es gigante (con 3 terminales en las que encontraréis muchísimas tiendas y restaurantes) pero es muy restrictivo.

Normalmente cuando llegas a un aeropuerto y tienes que hacer una escala, no debes pasar ningún tipo de control más si permaneces en la misma terminal. Aquí no ocurre lo mismo.

Nada más llegar tuve que ponerme en la cola para acceder a la zona donde encontraría las puertas de embarque. Y tengo que avisaros: las colas en este aeropuerto son inmensas. Por suerte la mía iba más «rápido» que el resto.

En este control tuve que enseñar el pasaporte y los billetes hacia Yangón, además me fotografiaron con una webcam y tuve que pasar por un control de temperatura corporal.

Una vez pasado este control, encontraremos otro donde hay que sacar absolutamente todos los líquidos, objetos electrónicos, cables, baterías, además de cualquier objeto que creáis que pueda dar problemas. Es mejor que no tengan que hacéroslo sacar después, porque podrían tirarlo o poner problemas de acceso.

Tras esto, pasaréis por el detector de metales y por un control exhaustivo donde separan a chicas y chicos para volver a pasar un mini detector de metales por cada zona de vuestro cuerpo (aunque no hayáis pitado en el anterior).

Y ¡por fin estoy dentro! No me lo creo. He pasado casi dos horas en este control rutinario; mientras que en cualquier otro aeropuerto hubieran sido 30 minutos.

Empiezo a examinar la zona y hasta encontrar mi pequeño edén particular. Existe una parte equipada con sofás de diferentes formas y tamaños y ¡allá que voy a coger el nuestro!
Aprovecho para dormir un par de horas y así eliminar algo de todo el cansancio que llevo acumulado antes de buscar dónde comer.

 

Algo que debéis tener en cuenta si viajáis a Pekín es que, aunque dispone de WiFi gratuito, no va nada bien y ciertas páginas como Facebook o Instagram están bloqueadas .
Para conectaros debéis buscar unas máquinas que se encuentran por todo el aeropuerto donde escanear vuestro pasaporte y así os facilitarán una clave de acceso.

Me despierto muerta de frío, (como comprobaría a lo largo del viaje, se ve que en Asia el uso del aire acondicionado está muy extendido sea cual sea la época del año) y busco donde comer. En esta zona no había demasiado donde elegir así que acabé en el KFC.
El resto del tiempo lo dedico a revisar la guía de Myanmar, a escribir a la familia y a escuchar Podcasts de Nadie sabe Nada que había descargado para amenizar los largos trayectos y escalas.

Vuelo a YangónMi vuelo hacia Yangón sale a las 19:00.  ¡Mi llegada a Yangón está cada vez más cerca!
De nuevo un viaje con Air China, aunque esta vez un avión de tamaño más reducido.
Este vuelo no es mucho mejor que el anterior, aunque en este caso por las turbulencias.

La llegada a Yangon es a las 11 de la noche. Mientras en Pekín hacía unos 10º, al bajar del avión nos encontramos unos maravillosos 27º.

Entro al aeropuerto y me dirijo a entregar mi visado y pasaporte para poder entrar en el país. Y es aquí cuando empiezo a rociarme con repelentes. Myanmar es un país con riesgo medio – alto de Malaria y nada más bajar ya ves mosquitos; así que tened en cuenta que debéis llevar el Relec a mano y empezar a pulverizar desde el segundo 1.

Cajeros aeropuerto YangónTras conseguir mi preciado sello en el pasaporte, me a los cajeros que se encuentran antes de la zona de cambio de dinero para sacar 600.000 kyats. Lo máximo que te deja sacar en cualquier cajero de Myanmar son 300.000, así que utilizo dos tarjetas.

Antes de salir del aeropuerto negocio el precio del taxi a mi hotel; había leído que en los aeropuertos es mejor coger el servicio oficial ya que hay muchos taxistas «piratas» y que pueden haber problemas. Finalmente llegamos a un acuerdo y lo dejamos en 9.000 kyats.

DÓNDE ME ALOJÉ EN YANGÓN

Nuestro hotel para la primera noche era el Business Alliance Hotel (pinchando sobre el nombre os llevará a su página en Booking, muy cerca de la Shwedagon Pagoda.

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¿QUÉ TAL LA EXPERIENCIA?

  •  Recepción 24 horas.
  •  Habitación de buen tamaño.
  •  Baños nuevos.
  •  Desayuno abundante.
  • Dan agua embotellada gratuita.
  • Habitaciones con ventanas a patios interiores.
  • Habitación calurosa (aunque con aire acondicionado).

Y tras esta breve descripción, ¿lo recomendaría?

Tanto el precio como la ubicación son muy buenos, y el trato excelente. ¡Por supuesto que sí!

 

Me marcho a dormir sabiendo que no cumpliré mis planes para el día siguiente. Aunque mi intención era despertar a las 4 de la mañana para ver amanecer en la Shwedagon Pagoda, el viaje ha sido tan agotador que decido coger fuerzas aunque suponga reducir la jornada.

Siento que estas entradas no sean tan interesantes; pero creo que puede ayudar a hacerse una idea real de cómo es un viaje y la cantidad de transportes hasta llegar a nuestro destino.
Además apenas tiene fotografías porque había zonas (en los aeropuertos) donde estaba prohibido fotografiar o porque no aportaban nada. Pero espero que os de algo de información de cómo es la llegada a Yangón.

 

A partir de la próxima entrada prometo que habrá datos, fotografías y relatos que seguro que os gustarán muchísimo más así que ¡estad atentos y no os perdáis mi primer día en Yangón!

¡Muchas gracias por leerme!

 

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