Pensar en Praga es pensar en una ciudad de cuento, una ciudad donde enamorarse, donde perderse no supone un problema (más bien una ventaja) y donde cada detalle parece elegido para conquistarte un poquito más. Elegir Praga como destino es siempre un acierto, es una ciudad llena de historia y de una magia que te envuelve desde el primer minuto y te hace querer volver a cada instante una vez que te marchas. Praga es un sueño hecho realidad, esa ciudad donde nada ni nadie puede robarte la sonrisa. Hoy iniciamos nuestra ruta rumbo a la capital checa.

 

Comienza un nuevo diario de viaje. Esta vez viajaba con mi primo Adrián @adpanrue, otro viajero incansable y un escritor de los que te llegan bien profundo al corazón. Si os interesa leer un poquito de su alma su blog se llama Mundo y Aparte (pinchando sobre el nombre os llevará a él, ya me contaréis qué os parece).

Mi vuelo salía desde Madrid a las 12, aunque tuve que esperar casi una hora más debido a un retraso. Una vez en el aeropuerto de Praga, decidí esperarlo y no salir a descubrir la ciudad ya que únicamente serían 2 horas y media, su vuelo no salía desde París hasta pasadas las 6 de la tarde. Además, durante el vuelo conocí a un chico que iniciaría una ruta con una amiga por el país y, a nuestra llegada, decidimos comer algo en el aeropuerto (así mi espera no sería tan larga).

El aeropuerto de Praga consta de una sala con sofás donde descansar algo y una buena conexión WiFi para cargar series e incluso películas. Mi primo llegó al aeropuerto de Praga a las 20.00 y la casera del apartamento nos esperaba hasta las 21.30 para darnos las llaves, únicamente teníamos una hora y media para llegar así que no había tiempo que perder.

Nos había dado indicaciones de cómo llegar al apartamento, pero tanto mi primo como yo tenemos un sentido de la orientación pésimo y cogimos el tranvía en sentido contrario jajaja. Menos mal que la gente de Praga es súper amable y nos ayudaron en todo momento.

El hotel que elegimos fue Apartment Prague Jesus Baby, en pleno centro de Praga, pero claro (el error con el tranvía no iba a ser el único imprevisto del día) no todo iba a ser tan fácil. Cuando llegamos al portal nos damos cuenta de que no hay ningún cartel que indique dónde se encuentra el apartamento. Pitamos para ver si algún vecino nos puede ayudar y, o no contestan, o no hablan inglés y nos cuelgan el telefonillo.

Desactivamos el modo avión y empezamos a llamar a la casera y (como no podía ser de otra forma) tiene el teléfono apagado. Nos ponemos en lo peor, hace mucho frío y estamos viendo que nos quedamos en la calle. Preguntamos a un chico que pasa por allí si puede ayudarnos y, tras 15 minutos con nosotros, y ver que no puede solucionar nada le pedimos que no se preocupase más y se marchara tranquilo. Finalmente nos acercamos a un hotel de lujo que había en la esquinita y le contamos nuestra situación, vuelve a llamar a la casera y ¡los planetas se alinean y la mujer enciende el teléfono y le dice que nos esperará en la puerta!

Y ahora como siempre, antes de despedirme de esta pequeña introducción a nuestro viaje, os dejo mis opiniones sobre el hotel. Pinchando aquí podréis ver su enlace a booking.

¿Qué nos pareció?¿Nos gustó? Tengo que reconocer que el piso está decorado con mucho gusto y tiene lo esencial para disfrutar la ciudad, pero el hecho de habernos tenido esperando en la calle casi una hora con el miedo a no saber si podríamos dormir calentitos es un factor bastante negativo. El WiFi no funcionaba apenas bien y únicamente teníamos un baño con ducha para 5 personas (por fortuna los otros 3 chicos se marcharon al día siguiente y no tuvimos que hacer demasiadas colas en la ducha). Otro aspecto negativo es que, aunque sabía que la reserva era para dos, únicamente nos dejó una toalla y, aunque le pedí otra por correo, nos la facilitó el día de nuestra partida.

Pero no todo es negativo, las camas eran cómodas. La ubicación era magnífica y la calefacción aún mejor para evitar el frío de Noviembre en Praga. Disponíamos de cocina por si hubiéramos necesitado cocinar algo y el piso en general nos gustó bastante.

¿Lo recomendaría? Si tuviera que volver a Praga lo valoraría de nuevo como candidato a alojarme en él, pero intentaría que la comunicación fuera mayor para evitar sorpresas desagradables aunque el WiFi es un punto negativo muy en cuenta. Normalmente no es algo que pese demasiado ya que suelo estar más en la calle que en el alojamiento, pero teníamos que hacer check in online y consultar un par de cosas importantes y tuvimos que bajar al McDonald más cercano ya que desde casa era imposible.

Mañana empieza nuestro viaje oficialmente, hemos oído maravillas de la ciudad y estamos ansiosos por conocerla.

¡Espero que os animéis a visitarla conmigo!

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