Si Praga fuese una persona, sería mujer. Sin duda alguna. Con tan sólo un par de horas os daréis cuenta del romanticismo y delicadeza que la envuelven, de la sensualidad con la que te atrae al caer la noche, cuando se viste con sus mejores galas y te invita a recorrerla disfrutándola en cada centímetro de su piel (como realmente se debe hacer cuando te has enamorado) Praga es coqueta, cada calle engalanada con detalles que sólo ella podía tener os hará pensar a cada momento en la persona amada ¿cuántos enamorados pasean por tus calles envolviéndose de tu hechizo?. Praga es manos entrelazadas, sonrisas con miradas llenas de pasión y ese sentimiento del primer encuentro; ese nerviosismo tímido que sólo comprenderéis una vez lleguéis aquí y os dejéis atrapar por su magia.

Empezamos el día con mucha ilusión, era nuestro primer viaje juntos y no podíamos haber elegido una ciudad más bonita para ello. Praga es la capital de la República Checa, en pleno corazón de Europa. A pesar de no tener un tamaño enorme, es una de las ciudades más pobladas (con más de 1 millón de habitantes) y, por supuesto, es uno de los destinos más elegidos por viajeros y turistas por su encanto, su belleza y su romanticismo.

Hubo una época en la que era conocida como «La ciudad de las cien torres», actualmente sus torres superan con creces este número, creando una postal única desde cualquiera de sus miradores. Pasear por sus calles me recordó a Brujas, a sentirse en un cuento en el que deseas que nunca llegue a su fin. Es por esto que miles de parejas la eligen como escapada romántica o como destino de luna de miel; pero os animo a visitarla también entre amigos o familia ya que adquiere un aire diferente, con una magia que te hechizará desde el primer minuto.

Nuestro hotel se encontraba en una zona ideal, a tan sólo 5 minutos de la iglesia de San Nicolás así que en nuestro camino hacia allí aprovechamos para desayunar en una cafetería justo en frente de la Iglesia de Nuestra Señora Triunfante con el niño Jesús de Praga. Tomamos unos creps para coger fuerzas en una cafetería cercana llamada Café Alba (aunque el mío era sólo con plátano y tengo que reconocer que le faltaba «chicha», como se dice en mi pueblo) por 265kc.

 

Hacemos la primera parada en esta iglesia, construida a principios del siglo XVII por luteranos alemanes. La importancia de esta iglesia reside en que desde el año 1628 acoge a la famosa estatuilla del Niño Jesús de Praga (imagen que veréis hasta la saciedad en tiendas de souvenirs). Realmente no es una visita obligada, pero era gratuita y nos pillaba de camino así que ¿por qué desperdiciarla?

Y ahora sí llegamos a una de las visitas imprescindibles de Praga, la iglesia de San Nicolás.

San Nicolás es uno de los templos barrocos más importantes de Europa y un emblema durante el siclo XVIII para los jesuitas. Lo más llamativo de su fachada es el equilibrio logrado en la unión de formas cóncavas y convexas, creando dinamismo y aportando una monumentalidad que la convierten en una de las iglesias más bellas de la zona.

 

El interior es igual de espectacular debido a la riqueza de su decoración. El altar central es el protagonista, aunque le acompañan altares laterales que no tienen demasiado que envidiarle ya que los mejores artistas de la época trabajaron en la decoración, no solo de estos altares, sino también de los frescos de la bóveda, el púlpito y las esculturas del crucero. Como dato curioso, quizás os guste saber que Mozart tocó varias veces el monumental órgano de la iglesia. De hecho, días después de su muerte, se organizó una misa réquiem en su honor a la que la muchedumbre acudió para rendirle homenaje.

 

En el interior hay dos elementos que todo el mundo busca a su entrada; el primero es el monje cotilla representado en los frescos del techo. La leyenda cuenta que el artista de los frescos no quería que nadie viese su obra hasta que estuviese realizada, pero un monje no pudo aguantar la curiosidad y se asomó a ver los frescos. El artista, como «castigo» (a más de uno nos gustaría un castigo así) lo inmortalizó escondido tras una columna. El otro objeto es la Columna de la Santísima Trinidad o Columna de la Peste ya que conmemora el fin de la epidemia que sufrió Praga en el siglo XVIII.

Pero si hay algo que no podéis perderos de esta iglesia son las vistas desde el mirador de la torre. La entrada será un poquito más cara, pero no demasiado y, una vez lleguéis arriba os olvidaréis del dinero. En la subida se pueden ir haciendo varias paradas visitando salas donde se pueden contemplar de cerca las campanas (incluso pequeñas habitaciones donde viviría el encargado de hacerlas sonar).

Os voy a dejar con bastantes imágenes desde las alturas, creedme cuando os digo que he intentado seleccionar y descartar pero son todas tan bonitas que me ha sido imposible reducir aún más la selección.

 

 

A lo lejos se ve el puente de Carlos, una imagen preciosa que estamos deseando conocer, pero nuestra siguiente parada no es otra que el Castillo.

Caminar hacia esa zona creo que fue una de las partes que más me gustó, nunca había visto calles tan bellas y tan de cuento. La arquitectura de Praga es una de las cosas que más llama la atención de los turistas. La mezcla de estilos crea rincones mágicos y la utilización de diferentes colores para cada casa te transporta a un mundo de fantasía donde pasarías horas y horas con la cámara en la mano.

Antes de llegar al Castillo damos con un mirador, cerca de un Starbucks (así lo encontraréis seguro, de hecho está considerado como uno de los más bonitos del mundo precisamente por sus vistas), desde donde podíamos contemplar toda la ciudad.

Estos son los placeres de viajar, sentir la ciudad a tus pies. Aunque viajes acompañada, en ese momento te sientes a solas con la ciudad. Poderosa por estar a las alturas y notarla postrada ante ti y mostrando su esplendor únicamente para tu disfrute. ¡Praga, qué bella eres! ¡Cómo enamoras desde el primer instante!

Llegamos a la plaza donde se encuentra la entrada al Castillo y encontramos una cola inmensa, pero no podemos marcharnos de Praga sin visitarlo así que decidimos esperar el tiempo que sea necesario. Empieza a llover aunque no con demasiada fuerza, por suerte llevamos un paraguas y tenemos un espectáculo para entretenernos, un par de hombres van montados en bicicletas antiguas gigantes. Son el centro de atención de todos los que estamos esperando, y no es para menos, ¡mirad vosotros mismos las bicicletas!

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El Castillo de Praga es una de las mayores fortalezas medievales del mundo. En su interior se pueden encontrar increíbles palacios barrocos con jardines inmensos, la antigua residencia de los soberanos de Bohemia y la Catedral se San Vito, obra maestra del gótico.

Una vez que entréis, dependiendo de las estancias que queráis visitar, el precio variará. Nosotros pagamos por ver la Catedral, el Palacio y el callejón del oro.

La Catedral de San Vito fue construida en el año 1344, por los reyes de Praga para conseguir un propio arzobispado, aunque en 1419 tuvieron que hacer una pausa debido a las revueltas contra el catolicismo.  Antiguamente era una capilla del siglo X donde los granjeros ofrecían sacrificios al dios Svantevit. Para muchos es el exponente mayor del estilo gótico de Praga.

El interior alberga los cuerpos de los reyes, obispos y arzobispos fundamentales de la historia de Europa, además de haber sido escenario de las coronaciones de todos los reyes de Bohemia.

La zona más impresionante es la cripta, donde se encuentra la tumba de Carlos IV.

Desde aquí paseamos hasta el Callejón del oro, una calle construida en el siglo XVI para que residieran en ella los mismos de la guardia del rey. Años más tarde, la guardia fue trasladada al castillo y el callejón se convirtió en la residencia de orfebres. El problema es que en el siglo XIX se convirtió en uno de los rincones más peligrosos de la ciudad ya que aquí se escondían los ladrones. Nada que ver con la actualidad, ya que ahora mismo es una de las calles más turísticas de la ciudad.

Lo más llamativo de este lugar es el colorido de las diferentes casitas, que crean un paisaje de cuento de hadas. En sus pasillos encontraréis tiendas donde comprar souvenirs y detalles típicos del lugar.

Justo al lado se encuentra la Basílica de San Jorge, una basílica barroca llamativa por sus colores. En su interior se encuentra el primer monasterio de Praga, el Monasterio de San Jorge.

 

Es turno ahora del Palacio Real, un palacio del siglo XII que sirvió de residencia de los reyes bohemios. Dentro se encuentra la sala Ladislao, un antiguo tribunal romano, el Parlamento Medieval y la Capilla de todos los Santos.

La última parte de nuestra visita está dedicada a  la Torre Dalibor, una torre cilíndrica del año 1496 que recibe su nombre del primer prisionero que acogió, Dalibor z Kozojed. Fue utilizada como prisión en 1781 y actualmente se pueden ver algunas estancias de la antigua prisión donde se exponen aún los elementos de tortura utilizados en la época.

 

 

A la salida estamos tan hambrientos que buscamos un lugar donde comer urgentemente. Son casi las 4 de la tarde y no hay demasiado abierto, pero encontramos una pizzería con WiFi (fundamental para enviar las primeras fotografías a la familia) y no podemos resistirnos a comer allí. Justo al lado encontramos una de las delicias de Praga, un puesto de Trdelnik, el dulce típico del país.

Para los más golosos, el aroma dulce a canela os hará muy difícil resistitos a probarlo. Realmente es un pastel de la cocina eslovaca, se trata de una masa de harina enrollada en un pincho de madera llamado trdlo, cocinada al fuego de unas brasas mientras gira sobre si mismo. Se suele servir con nutella, helado y un largo etcétera.

 

Y lo confieso, a mí no me gustó demasiado (pero es que yo soy muy rara con los dulces) aunque todo el mundo se vuelve loco con ellos así que no dejéis de probarlos si venís a la ciudad. Eso sí, para compartir, porque uno entero puede ser demasiado para una sola persona.

Cuando llegamos al puente de Carlos ya ha atardecido y el cielo tiene un color azulón intenso precioso que convierte el paseo en un momento aún más especial.

Nos encontramos ante el segundo puente más antiguo de la República Checa. En sus orígenes (allá por el siglo X) era un simple puente de madera que unía las dos orillas del Moldava. En 1357, Carlos IV ordenó su construcción en piedra, a comienzos del siglo XV ya se había terminado y pudo inaugurarse oficialmente. Desde ese momento se convirtió en un elemento indispensable para las relaciones comerciales de la ciudad.

 

En sus 520 metros de largo podemos encontrar 30 esculturas, la mayoría de los siglos XVII y XVIII, que representan a los santos más venerados de la República Checa. La más famosa es la de San Juan Nepomuceno por su leyenda, que cuenta que éste era el confesor de la reina de Bohemia. El rey desconfiaba de ella y le pidió a Juan Nepomuceno que le revelara sus confesiones y, al negarse, su lengua fue cortada y se le arrojó al río desde el puente. El perro que le acompaña es el protagonista, se cree que si se toca se volverá a la ciudad.

Como ya ocurre y os conté con el puente de las cadenas de Budapest, este puente también tiene alguna que otra leyenda. La primera cuenta que Carlos IV era un hombre muy supersticioso y pidió consejo a astrólogos y numerólogos muy importantes que le indicaron que la primera piedra debía ser colocada el 9 de julio de 1357 a las 5:31 (si leemos la fecha total el número resultante es 135797531, un número capicúa formando además por los números impares ordenados del 1 al 9 y del 9 al 1).

La segunda leyenda dice que a la mezcla del mortero se le añadieron huevos para incrementar la resistencia de la argamasa. En 2008 un estudio parecía haber demostrado que se estaba en lo cierto, pero una posterior investigación rechazó de nuevo la idea.

Las vistas cruzando el puente son maravillosas. El río iluminado por las casitas y los edificios es una postal digna del mejor fotógrago ¿A que ya sentís ganas de viajar a Praga?

Ambos extremos del puente están flanqueados por torres, parte del diseño original del puente pero muy diferentes entre sí. Las torres del lado de Malá Strana  no tienen nada que ver una con otra. La más pequeña es de la época del primer puente de la ciudad (el Puente de Judith, del siglo XII) y muestra un estilo románico con toques renacentistas debido a su última remodelación. La torre grande es del gótico tardío, ya que fue construida en el año 1464 y sigue el diseño del puente y de la torre que se encuentra en el lado opuesto del camino.

 

Al final del puente la espera la Torre de la Ciudad Vieja, de la misma época y arquitecto. El interior ofrece exposiciones y vistas desde su parte más alta, aunque normalmente encontraréis colas horribles (de hecho nosotros prescindimos de subir por este motivo)

Hemos llegado a la parte antigua de la ciudad, y nos dirigimos hacia el Klementinum (no sin antes disfrutar de nuevo de la arquitectura de la ciudad). Puedo sonar repetitiva, pero sólo quienes han visitado Praga me entenderán.

 

Nos cuesta algo de trabajo encontrar la entrada al Klementinum y , cuando llegamos, nos hacen esperar porque el grupo está lleno y tenemos que aguardar al siguiente turno. Pero, para los que no tengáis ni idea, ¿qué es el Klementinum?

Se trata de un conjunto de edificios a medio camino del puente y de la Plaza de la Ciudad Vieja cuyo origen se remonta a una capilla del siglo XI dedicada a San Clemente (por el que recibe su nombre). A partir de esta capilla se edificó un monasterio dominicano y una universidad completa. En su interior se encuentra una de las bibliotecas más famosas y bellas de todo el mundo, y fue fundada por una española, la emperatriz María Teresa de Austria.

La única forma de visitarlo es con una visita guiada, el precio por persona es de 220 CZK y únicamente se realizan en inglés. Dentro está prohibido tomar fotografías, así que la que os mostraré un poquito más abajo es tomada de Internet (pero es tan impresionante que tenía que enseñárosla). En la visita podréis recorrer la Capilla de los Espejos que, como su nombre indica está totalmente forrada de espejos y en su interior se encuentra el órgano que Mozart tocó en su visita a Praga; la Sala del Tesoro; la Biblioteca, que alberga más de 20.000 ejemplares y decenas de globos terráqueos que le aportan una atmósfera increíble (parece la biblioteca de la película la Bella y la Bestia).

La última parte de la visita está dedicada a la sala de los meridianos (donde se realizaban los registros metereológicos) y la Torre Astronómica de casi 70 metros de altura desde donde disfrutaréis de unas vistas que quitan el habla.

Nuestra día de hoy termina visitando la Plaza del Ayuntamiento y el Reloj Astronómico, un artefacto construido en la Edad Media. La parte superior muestra el cuadrante astronómico que muestra la hora del día, la posición del sol y de la luna. En el centro del monumento se encuentran figuras animadas que salen a saludar cada vez que el reloj marca las horas. En la parte inferior se encuentra un calendario circular donde se ubican los datos de las fechas.

 

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