Para conocer a fondo una ciudad o un país, no podemos quedarnos con lo superficial. A veces hay que viajar a su pasado para descubrir qué les ha llevado a ser como son actualmente, a conocer las dificultades que han tenido que sortear y cómo han conseguido reponerse ante las adversidades. Praga es una ciudad con mucho peso en la Segunda Guerra Mundial, su posición geográfica la convirtió en una de las protagonistas de la historia;, a pocos kilómetros se encuentra Terezín, uno de los campos de concentración que albergaron a miles de judíos en su interior antes de deportarlos a otros campos de exterminio. Hoy nuestro día está dedicado a ellos, a conocer cómo vivieron e intentaron luchar para no morir entre sus barracones, hoy el día se tiñe de gris ya que viajamos al pasado para ser conscientes de que una barbarie como tal no puede volver a ocurrir. 

 

El primer día en Praga había sido mágico, visitamos muchos de los sitios que teníamos en la lista y, aunque aún teníamos algunas otras pendientes, no queríamos marcharnos sin conocer un sitio con mucha historia y que nos cambiaría la forma de ver el pasado y el futuro, el campo de concentración de Terezín.

En mi caso, soy una obsesa de la Segunda Guerra Mundial (en el mejor sentido de la palabra). Me gusta leer todo lo posible sobre ese tema, he visto cientos de documentales y películas y suelo visitar los sitios donde se vivió todo el holocausto. Considero que conocer nuestro pasado nos ayudará a no repetir los mismos errores y siento una gran admiración por todos aquellos que consiguieron mantener la esperanza, la fuerza y las ganas de vivir en situaciones tan duras.

Por eso, cuando mi primo me propuso hacer una excursión a Theresienstadt, no tuve que pensarlo ni un segundo. Era un absoluto sí. La noche anterior, justo antes de ir a dormir contratamos el tour. Tras echar un vistazo por las empresas que lo realizaban, finalmente dimos con ToursgratisPraga (pinchando os llevará a la web para contratar el mismo tour).

El precio del tour son 35€ por persona, donde se incluye el guía en español, la entrada y el transporte privado desde Praga hasta el campo de concentración (además de los desplazamientos internos).

El punto de encuentro era justo al lado del Museo de cera Madame Tussauds a las 10 de la mañana, así que un ratito antes salimos de nuestro hotel con intención de desayunar algo y ver de día el puente de Carlos.

 

 

Como veis, la ciudad cambia mucho cuando deja de estar iluminada por farolas y es la luz natural la que enciende el paisaje. Algo que nos sorprendió mucho es que hubiese ya tanta gente en el puente a pesar de ser temprano. Pensábamos que el día anterior era algo lógico, era viernes, tras la puesta de sol.. la situación era idónea para que todo el mundo pasease por la zona; como pudimos comprobar, aunque madrugues, no serás el único en el puente.

 

Cruzamos el Klementinum y Malé námě y las preciosas calles de los alrededores. Si hay algo que me guste de viajar por Europa, es disfrutar de edificios que, para un local, pueden ser corrientes y que a nosotros nos resultan tan bellos y fascinantes.

 

Llegamos de nuevo a la preciosa plaza del ayuntamiento, donde se encuentra también el reloj. Normalmente cuando viajo, me gusta poder ver los símbolos de la ciudad tanto de día como de noche. Siempre hay detalles que cambian y ya solo la iluminación les hace parecer diferentes. Sin duda, de día no decepciona para nada esta preciosa plaza.

Aunque nos habíamos propuesto comer siempre en restaurantes locales, el día anterior desayunamos unos creps un tanto secos, además en un rato tenemos que estar en el punto de encuentro, así que finalmente acabamos en un Starbucks.

Una de las cosas que más nos gustó es que tienen un mapita donde puedes clavar un alfiler en tu país o ciudad de origen y, claro, no pudimos resistirnos a dejar nuestra huella marcada.

Nos acercamos al punto de encuentro y, tras esperar a los más rezagados, nos dirigimos a la furgoneta que nos llevará a Terezín. El trayecto no es demasiado largo (unos 60 kilómetros), eso sí ya se intuye el frío que pasaremos una vez lleguemos.

 

Y aquí tenéis las primeras imágenes. Aunque no lo parezca, esto era un antiguo campo de concentración. Terezín ahora es un pueblo (casi fantasma porque es muy difícil cruzarte con gente) pero en su interior vivieron hacinados miles de judíos a la espera de un destino peor. Aquí empieza nuestra visita a una de las grandes mentiras de la Segunda Guerra Mundial.

Theresienstadt fue creado en 1780 como protección a la ciudad y, de hecho, era la antigua residencia militar de los Habsburgo, pero en 1941 Reinhard Heydrich, uno de los grandes arquitectos del Holocausto, decidió reutilizar esta zona para conseguir un objetivo «más importante»: servir como un gueto modelo.

Para esta fecha, Hitler ya había comenzado con los asesinatos masivos en las cámaras de gas de Auschwitz (aunque de forma discreta para evitar la huida de judíos) eso sí, los rumores de que el exterminio judío había comenzado empezaban a extenderse por gran parte de Europa. Por este motivo, los alemanes consideraron oportuno crear un lugar que, en apariencia, no se asimilara a un campo de concentración para lavar así su imagen y convencer a la población de que las barbaridades que se oían no eran ciertas. Theresienstadt se vende como un «balneario» al que únicamente podían acudir los judíos de mayor importancia (ya fueran artistas, militares condecorados, músicos, hombres de negocios) con la promesa de que serían enviados a Palestina para iniciar una vida mejor.

Durante 3 años, la mentira consiguió su fin y la realidad que ocurría entre sus muros quedó camuflada. Pero el día a día de los judíos era muy similar al de otros campos de concentración, soportando la misma brutalidad y trato inhumano.

 

La visita empieza con un recorrido a una zona «museo», donde encontramos varios planos del recinto y algunas esculturas homenaje como la que encontráis sobre estas líneas. Está realizada con maletas reales de los judíos que acudieron a Terezín; según nos contó el chico, a los judíos les llegaba una carta donde se les convocaba en la estación de tren más cercana con una maleta de no más de 50 kilos (bastante equipaje si nos paramos a pensar) y comida y agua para un día diciéndoles que les ayudarían y darían refugio ante la guerra. Podréis pensar ¿y cómo con los rumores seguían confiando en los alemanes? Los judíos venían de una situación donde estaban marginados; tenían prohibido salir a la calle, ir al colegio o hacer la compra; sus negocios habían sido destruidos y no les quedaba nada. Ante este panorama, pensaban que no habría nada peor.

De nuevo se equivocaban. Al llegar a la estación y ver la realidad ya era tarde para escapar. Los hacinaban en vagones de mala muerte y, en ocasiones, un viaje que debía durar 3 días se alargaba a 15 en condiciones extremas donde muchos acababan muriendo.

El dolor no terminaba ahí; después de tantos días sin comer y en un estado tan débil, les obligaban a caminar hasta su campo de concentración (incluso en ocasiones antes les obligaban a hacer ejercicio físico para cansarlos aún más) y por desgracia si, de nuevo muchos morían en este trayecto a pie sin posibilidad de que su familia les diese sepultura (para los judíos es muy importante enterrar a sus seres fallecidos).

 

En esta parte del recorrido vemos también algunos de los dibujos que realizaron los niños. Una de las personas que se encontraba en Terezín era una profesora; para conseguir que los niños liberasen emociones les pidió que dibujaran su vida, sus ilusiones y sueños. La mayoría de estos dibujos muestran el día a día de lo que vivían, cómo notaban que el resto de judíos desfilaban en fila y nunca volvían, cómo debían compartir cama hasta estar amontonados, el interior de los barracones.. Si estáis interesados en el tema os dejo este enlace y este otro, donde podéis encontrar más información.

Lo peor fue escuchar cómo, al descubrir los nazis estos dibujos y pensar que podían ser una mala propaganda a su régimen y a lo que allí sucedía, decidió asesinar a estos niños. Fue inevitable llorar y sentirse desolado.

 

Continuando con la visita, pudimos ver la película que rodaron para engañar a Cruz Roja en su intento de convencerlos de que no era un campo de concentración. Pretendía mostrar lo bien que vivían los judíos bajo el Tercer Reich. El director, Kurt Gerron (un prisionero judío) fue obligado a rodarla con la falsa promesa de que tanto él como su familia obtendrían la libertad. Por supuesto, tras el rodaje, tanto él como la mayoría de personas que aparecen en ella fueron enviados a Auschwitz.

 

Os dejo aquí también la película por si os apetece ver a qué limites podían llegar para camuflar la realidad y ocultar las torturas a las que sometían a los judíos.

Fue en el año 1944 cuando Cruz Roja envió la delegación al campo para comprobar si los rumores era ciertos o no y, además de esta película, pintaron las calles, organizaron conciertos, montaron falsos comercios y colegios, daban comida en abundancia y de calidad y, principalmente, deportaron a más de 5000 judíos desnutridos y enfermos al este. Desafortunadamente, el plan salió bien y la delegación pensó que nada tenía que ver con las voces de muerte y hambre.

 

Desde aquí nos acercamos a los barracones que servían de vivienda. Actualmente sirven como un escenario muy ficticio de lo que realmente ocurría allí. Como podéis ver en las fotos, a pesar de ser camas incómodas y apiladas, se ve sensación de espacio.

Nada que ver con la realidad. Las condiciones eran brutales ya que, en un espacio para 5.000 personas llegaron a residir 50.000. El frío era horrible, no disponían de mantas o abrigos y, por jornada, fallecían entre 50 y 100 personas.

El exterior de los barracones ya da sensación de frío. Si en Noviembre estábamos helados, no quiero ni imaginar en Enero, tras las nevadas y con la falta de abrigo y de calor corporal al perder gran parte de su peso.

La siguiente parada era en los crematorios y los cementerios. Terezín nunca fue un campo de exterminio, por lo que aquí no se utilizaban las cámaras de gas, pero al morir tanta gente por las condiciones a las que se les sometían, era necesario incinerar los cuerpos. En un primero momento utilizaron una fosa común donde lanzaban los cuerpos y, al completarlas, las cubrían. Unas lluvias torrenciales dejaron al descubierto la masacre y tuvieron que pasar a esta práctica.

Si conocéis algo de la cultura judía, sabréis que en su religión tienen  prohibida la cremación; aún así obligaban a los propios judíos a quemar los cuerpos de sus compañeros y, en caso de negarse, se enfrentaban a una muerte segura. También pudimos ver la sala donde se experimentaba con ellos y se realizaban «autopsias» con intención de engrosar los estudios de Joseph Mengele, el ángel de la muerte, en su búsqueda por la raza perfecta.

Desde aquí nos acercamos a los cementerios donde descubrí una tradición que me emocionó. Sobre las tumbas judías, sus practicantes colocan pequeñas piedras. Uno de los orígenes de esta tradición es que antiguamente se cubrían así los cuerpos al darles enterramiento para evitar que los animales carroñeros destrozaran el cuerpo del ser querido fallecido. Pero la explicación más bonita (al menos para mí) es la que dice que Dios es la roca de Israel, duradero y permanente. Colocar por tanto una piedra es signo de fortaleza, amor y memoria; especialmente si es un guijarro que ha estado en contacto con el agua, ya que es un sinónimo de vida.

Siguiendo con las «anécdotas» de Terezín, quizás os sorprenda saber que el campo era «gobernado» por un grupo de ancianos judíos. Eran ellos los que elegían a los 1000 deportados de cada semana a los campos de exterminio, ellos se encargaban también de mantener el orden por lo que, a cambio, recibían privilegios por lo que a veces eran tan severos como los propios alemanes, aunque sabían que, de no tomar esta actitud, serían ellos los represaliados. Una situación muy perversa, ya que normalmente eran personalidades muy preparadas académicamente.

 

La última parte de la visita está dedicada a las cárceles o fortaleza. Como siempre, un enorme cartel que reza «Arbeit Macht Frei» nos da la bienvenida. Esta es la frase que adorna cientos de campos de concentración. Con la falsa promesa de que «el trabajo os hará libres» miles de personas se veían obligadas a trabajar en condiciones inhumanas para facilitar la logística del régimen nazi.

Esta era la peor zona, quien entraba aquí era casi seguro que no saldría nunca. Estaba dedicada en sus orígenes a los presos más peligrosos, aunque con los niveles de hacinamiento finalmente 32.000 personas pasaron por esta zona. Disponía de registro de prisioneros, sala de interrogatorios y enfermería (que era mejor no pisar; si estaban matándolos en salas de gas ¿por qué iban a darles tratamiento médico?) y las celdas que servían de habitaciones así como celdas de castigo.

En uno de esos momentos de explicación entramos en una de estas celdas, y la guía se quedó en la puerta, todos nos miramos invadidos con el mismo temor estúpido ¿y si nos dejan aquí encerrados?. De hecho un par de chicas salieron corriendo por el miedo a que realmente ocurriera. Si llegamos a sentir esto en una situación fuera de peligro ¿os imagináis cómo podían vivir los miles de judíos que estaban privados de libertad?

Por  último y, aunque no es demasiado agradable, nos explicaron que, debido a la falta de alimentación, los judíos llegaban a perder más de la mitad de su peso; perdiendo por completo la grasa y la musculatura. En numerosas ocasiones les daban para comer agua caliente (a modo de sopa) o sangre de cerdo (aunque su cultura les prohíbe comer este animal).

Si tuviera que hacer un resumen de mi visita creo que vendría a mí la misma palabra una y otra vez: ¿Por qué?.

Aunque nos explicaron al detalle el sufrimiento hebreo, jamás podríamos imaginarnos al 100% todo lo que han llegado a vivir en un lugar así (y dando gracias a que no era un lugar de exterminio). La sensación de dolor, vacío e incredulidad te inunda y te hace cuestionarte muchísimas cosas. Y aún así mantenían la esperanza por sobrevivir, por pensar que una vida mejor les esperaba y que pronto acabaría su sufrimiento. He leído y leo mucho sobre el holocausto, intento visitar cada lugar histórico donde ocurrió y presto atención a cada detalle por si hay algo que se nos escapa, pero la sensación es siempre la misma: vacío. Que una parte de la humanidad haya sido capaz de cometer estos crímenes es inaceptable, que el resto no haya hecho nada por pararlos es incomprensible y deberíamos aprender para no volver a repetirlo; de hecho vivimos una situación parecida con la guerra de Siria y volvemos a mirar hacia otro lado.

El trayecto de vuelta a Praga fue duro. Mi cabeza no paraba de recordar cada historia que nos habían contado, intentando ponerme en sus pieles y finalmente derramando alguna lágrima y una pequeña oración por ellos. Estas visitas no son felices, pero nos aportan una visión más amplia de la vida, de los problemas reales y de que tenemos que valorar y valorarnos como personas sin importar razas o religiones.

 

 

Antes de buscar un lugar donde cenar damos un paseo por la plaza y tomamos miles de fotos más. Los escaparates empiezan a recordar a la Navidad, el reloj tiene una luz preciosa y la vida nos ha regalado este viaje.

En nuestro paseo encontramos de nuevo un puesto de Trdelnik. Ya sabéis que a mí no me gustaron demasiado y, al ser casi la hora de cenar, mi primo tampoco compró ninguno, pero el olor era buenísimo y así veis mejor el proceso de su elaboración.

Para cenar elegimos un restaurante precioso situado en la zona más céntrica de la ciudad. Tomamos sopa de patata servida en pan (según nos explicaron después el pan no se come) y sandwiches.

Si visitáis Praga y os apetece una cena romántica os recomiendo este restaurante. La comida estaba buenísima y el sitio era muy típico y romántico.

Mañana es nuestro último día en la ciudad, así que nos marchamos al hotel a descansar y reponer fuerzas (y entrar en calor, que el frío de Praga es horrible). Espero que esta entrada os anime a visitar Terezín si aún estáis con dudas; son visitas que todos deberíamos hacer para tomar conciencia de la realidad.

Si os ha gustado ¡dejadme vuestras opiniones o preguntas! Me encantará leeros o ayudaros con vuestras dudas.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

 

 

 

 

1 Comment
  1. Por mucho que nos horrorice es parte de nuestra historia, dolorosa e inhumana. Tienes una especial sensibilidad para contar la historia mas dura de la humanidad. Sigue contando tus vivencias .

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