Llegó nuestro último día en la capital canadiense, y con él el frío; pero las bajas temperaturas no impedirán que descubramos la silueta más imponente de la ciudad y una de las zonas más hipsters, las antiguas destilerías. Nuestra aventura por Toronto llega a su fin y queremos exprimir las últimas horas al máximo. 

 

¡Hoy no existen los madrugones en nuestro apartamento!

Después del día de ayer necesitamos descansar y recuperar fuerzas. A las 5 am me desperté, pero Teresa me convenció para dormir un poco más. No es hasta las 9 cuando empieza a haber movimiento en el piso. Desayunamos con tranquilidad, de nuevo tostadas y fruta y nos arreglamos. ¿El plan de hoy? Cruzar a Toronto Island para ver el Skyline.   

Salimos del apartamento casi a las 11am en dirección al puerto, desde donde tomaremos el ferry para cruzar a Toronto Islands, al final de la calle Bay, pero un poquito antes de llegar nos cruzamos con el estadio de hockey Air Canadá Centre, también conocido como ACC, la cancha de juego de los Toronto Maple Leafs y los Toronto Raptors de la NBA. Aunque ninguna somos aficionadas, si que entramos a echar un vistazo. 

Realmente no pudimos visitar mucho ya que únicamente estaban abiertas las tiendas de souvenirs y los pasillos que dan acceso al pabellón, pero el exterior ya nos da una impresión de lo enorme que es (de hecho en su interior se han celebrado conciertos de Aerosmith, Guns N’ Roses, Coldplay, U2 o Metallica).

A pocos metros caminando encontramos la taquilla de Jack Layton Ferry Terminal, donde compraremos los tickets para cruzar a las islas de Toronto. Existen tres rutas de ferry (una de las más populares es la de Centre Island) y todos son bastantes frecuentes por lo que no esperamos mucho, además hay una sala de espera donde evitaréis las bajas temperaturas.

 

Toronto Islands se encuentran en el lago Ontario, y nuestro ferry cuesta 7,71CAD por persona ida y vuelta. El trayecto dura unos 15 minutos aproximadamente y ya desde aquí (en la parte exterior) hay unas vistas preciosas, si el frío os permite salir a cubierta, claro.

Ver el skyline de la ciudad es algo así casi obligatorio antes de marcharse de Canadá, poder ver el perfil de esa manera es un lujo. 

Los imponentes edificios del distrito financiero crean una silueta difícil de olvidar y por lo que merece la pena pagar. Estos rascacielos y los de la zona situada alrededor del Downtown son conocidos como condominiums y su característica principal son sus fachadas de cristal.

Eso sí, cruzar con frío no es tan agradable. Normalmente las islas de Toronto son una zona de ocio y naturaleza, con un pequeño parque de atracciones, una playa, botes y un lago donde remar, zonas para hacer picnic y barbacoas.. pero en esta época del año los comercios están cerrados y el frío es extremo, por lo que apenas lo disfrutaréis. De hecho, nosotras cruzamos, hicimos fotos y un pequeño paseo y volvimos así que si viajáis en época otoñal – invernal, id bien preparados con guantes, gorros bufandas y ropa térmica.

Tras una hora y media aproximadamente, decidimos coger el ferry de vuelta, caminar hasta nuestro apartamento, donde comeremos hoy ya que preferimos cenar fuera para despedirnos de la ciudad.

Con los estómagos llenos y algo de calor en el cuerpo, volvemos a la carga. Nuestra primera parada de la tarde es en el Hockey Hall of Fame (más bien al exterior, que no somos taaaaan fans de este deporte). Como muchos sabréis, el hockey es el deporte nacional de Canadá, por lo que no es de extrañar que exista un museo dedicado a la historia de este deporte. Antiguamente el edificio acogía al Banco de Montreal, pero desde 1943 su interior está dedicado a mostrar objetos, documentos y premios relacionados con jugadores y equipos del país, además de los registros de la Liga Nacional.

La entrada cuesta unos 20 CAD, y es por eso por lo que nosotras nos conformamos con ver el exterior.

Caminamos ahora rumbo a Saint Lawrence Market, en la denominada parte vieja de la ciudad; eso sí, disfrutando de cada edificio que encontramos, los rascacielos aún respetan esta zona y la arquitectura es muy diferente y diversa, con algunas plazas llenas de esculturas y detalles únicos.

Saint Lawrence Market es uno de los mayores mercados del mundo con más de 120 puestos de todo tipo de comida para llevar a casa o comer en el propio mercado. Entre los platos típicos podréis probar el poutine (patatas fritas con gravy y queso fundido)

En 2012, National Geographic lo calificó como el mejor mercado del mundo, además de ser el más antiguo de la ciudad. Fue en 1803 cuando el gobernador inició su construcción debido al ritmo tan vertiginoso al que aumentaba la ciudad.

En sus orígenes era conocido como «Market Square» y únicamente funcionaba los sábados; además en su interior se encontraba el ayuntamiento y era el lugar donde se realizaban juicios y subastas. Tras un incendio, se inició la construcción del edificio actual.

 

La última parada antes de que anochezca es en Distillery District o distrito de destilerías, otro de los barrios más punteros de la ciudad y una zona con mucha historia. Esta zona es un conjunto de edificios antiguos, siguiendo el estilo victoriano industrial que a cambiado su función para adaptarse a las necesidades actuales. Restaurantes, cafés, tiendas de decoración y galerías de arte inundan el espacio y dan un toque hipster a la zona.

Todo comenzó en 1830, cuando dos emigrantes ingleses llegaron a Ontario para crear un negocio harinero. Su molino se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad, pero la zona y el comercio cambiaron dedicándose a la licorería, es ahí cuando surgen las antiguas destilerías.

En 1860 aquí se encontraba la destilería de whisky más grande del mundo, Gooderham and Worts Distillery que hoy son sede del estudio de cine más grande de Toronto. Tras 150 años de actividad, en 1990 la planta cerró para reabrir en 2003 como centro cultural y de ocio.

La bienvenida nos la da un enorme corazón rojo que nos da pinceladas de lo que encontraremos en el interior. Barriles de madera, esculturas gigantes de hierro y forja y, sobre todo, mucho ladrillo.

Uno de los grandes fotografiados es el gran letrero de LOVE, adornado con muchísimos candados. Eso sí, debéis ser pacientes para conseguir una toma totalmente a solas, ¡suele haber bastante gente esperando para posar! Esta instalación se encuentra en el callejón de Tank House Lane y su artista se inspiró en el puente Milvio de Roma, donde los enamorados dejan candados para sellar su amor siguiendo a los protagonistas del libro Ho voglia di te de Federico Moccia.

 

Justo frente a este enorme letrero, podréis encontrar una tienda para el hogar que vende candados a 10 dólares, por si queréis dejar vuestra huella, aunque si ya sabéis que visitaréis la ciudad es mejor llevar uno desde casa, ya que el precio es algo excesivo.

 

La zona tiene aún en activo una minidestilería, Mill Street Brew Pub, donde se elabora la primera cerveza orgánica canadiense, la Original Organic Lager; además podréis realizar visitas guiadas si estáis interesados en conocer el proceso de elaboración de estas bebidas.

También se puede visitar el The Sport Gallery, una tienda con objetos deportivos como la Montreal Cup o el trofeo de baloncesto nacional de Canadá entre 1926 y 1986.

Si os apetece comer, ya sea un aperitivo o una cena, encontraréis una gran variedad de cafeterías, pastelerías restaurantes y pubs, con música que animarán la velada.

Incluso si el día lo permite, podréis cenar en las terrazas disfrutando de la gente y del lugar que os rodea.

 

Por último, uno de los eventos que organiza y que le da una gran fama al lugar es el Christmas Market, donde se pueden comprar productos navideños, tomar vino caliente con especias y disfrutar de conciertos de villancicos. Fodor’s Travel, USA Today y Mashable han considerado este mercado como uno de los mejores del mundo. Los domingos podréis comprar productos artesanos como pan sin gluten, chocolates gourmet, velas y jabones realizados con sirope de arce o cera de abeja.

Cuando volvemos para el apartamento damos un último vistazo a la ciudad y a sus luces y buscamos un lugar para cenar. Hoy elegimos sushi, y después nos acercamos a un pub pero al no llevar el DNI encima no nos dejan pedir unas cervezas así que, tras un pequeño paseo volvemos a casa para preparar las maletas.

Mañana cruzaremos Canada y Estados Unidos con rumbo a México, nuestra aventura canadiense llega a su fin, pero empieza una nueva página a escribir en nuestro libro, esta vez en Valladolid.

Espero que estos días en Canadá os sirvan de inspiración y cojáis alguna idea o consejos que os ayuden.

¡Nos vemos en la próxima parada!

 

 

 

 

 

 

 

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