Nuestro viaje a Praga llega a su fin. Aún tenemos pendiente una zona preciosa, el barrio judío y uno de los miradores más bellos que he podido visitar. No encontramos una mejor forma de despedirnos de la ciudad (y de rendir algo de homenaje tras el día de ayer) que visitar el Josefov, una zona impregnada de la historia y religión judías, además un símbolo de los 80 nos espera, el mismísimo John Lennon sigue viviendo en las calles de Praga lanzando mensajes de paz y esperanza. ¿Nos acompañáis?

 

Dejamos temprano el hotel (aunque nos guardarán las maletas), tenemos un vuelo con destino a París a las 20:15, así que tenemos que aprovechar bien el día antes de marcharnos al aeropuerto. Ayer descubrimos los horrores de la Segunda Guerra Mundial así que hoy dedicaremos el día a conocer el Barrio Judío, una zona con muchísima historia; pero cerca de casa tenemos un pequeño tesoro que hay que visitar sí o sí.

Caminamos hacia la plaza Velkoprevorske Namesti cerca de la embajada francesa, en el barrio de Malá Strana, ya véis queen Praga se disfruta tanto o más el paseo que el destino final. Las calles son espectaculares, los comercios y restaurantes siguen la misma línea arquitectónica y de colores y parece que nos encontramos en un decorado de película.

Y ya sí, llegamos. Ante nosotros se encuentra el muro de John Lennon. Es curioso, porque el artista nunca visitó Praga pero, tras su muerte el 8 de diciembre de 1980, la ciudad se sumó a los homenajes pintando su imagen en un muro de esta calle.

 

Pronto las letras de sus canciones, textos reivindicativos y consignas políticas acompañaban al retrato del beattle, que veían en él un representante en las protestas al gobierno. Fueron decenas de veces las que el muro apareció pintado de blanco de mano de las autoridades para frenar el descontento del pueblo checo, pero días después los mensajes pacifistas y las estrofas de sus canciones cubrían con multitud de colores la pared. No les quedó más remedio que rendirse a la valentía de los jóvenes y a su libertad de expresión que cada noche se escapaban a escribir en la oscuridad a pesar del riesgo de ser detenidos.

Desde 1998 podemos disfrutar de este único y singular lugar en pleno corazón de la ciudad.

 

Lo que además lo hace tan diferente es que está en continuo cambio y, si te apetece, puedes escribir tu mensaje o graffitear tu dibujo para ser parte de la historia de la ciudad.

 

Justo frente al muro se encuentra el Edificio Buquoy, la actual embajada de Francia.Muy cerca encontramos también una pequeña iglesia de la que no tengo el nombre, pero si os dejo alguna imagen para que disfrutéis de ella y, si pasáis por la zona, le echéis un ojo porque era preciosa.

Para llegar al Barrio Judío debemos cruzar de nuevo el puente de Carlos. Será la última vez que lo crucemos en este viaje y, para despedirnos, el sol ha salido con fuerza iluminando la ciudad y permitiéndonos retratarlo de una manera totalmente diferente a los días anteriores.

Si no habéis leido las entradas anteriores, pinchando aquí podréis ver la explicación sobre el puente, sus leyendas y sus estatuas pero como una fotografía a plena luz del día siempre tiene mejor calidad, os dejo varias imágenes de éstas a continuación.

Algo que os sorprenderá del puente es que nada tiene que ver dependiendo de la hora de visita. Durante la noche y la puesta de sol es un lugar tremendamente romántico, donde las parejas pasean embelesados; pero la luz del sol, se llena de músicos, puestos de cuadros y demás artistas callejeros que le dan mucha vida al lugar.

Llegamos de nuevo a la Plaza del Ayuntamiento y, como ya os decía, nada tiene que ver con la imagen que véiamos los días anteriores. Realmente la vida de Praga se organiza en torno a esta plaza y la cantidad de gente que pasea por esta zona lo delata. Aprovechamos para comprar un chocolate caliente para disfrutar del paseo porque, aunque el sol ha salido, hace muchísimo frío y estamos helados.

 

Una vez más nos topamos con el reloj astronómico y, aunque ya os conté casi toda su historia y descripción, he guardado para esta entrada una leyenda (algo trágica) que hay en relación a su construcción.

Al parecer, su creador, Nicolas de Kadan,  fue dejado ciego por una orden de los nobles de la ciudad ya que no querían bajo ningún concepto que el relojero pudiese crear una obra similar o mejor en cualquier ciudad rival. Kadan terminó suicidándose al no poder terminar su obra y una superstición dice que todos los que se encargaran del mantenimiento del reloj acabarían suicidándose también.

 

 

Presidiendo la Plaza se encuentra el Memorial de Jan Hus, una escultura realizada en 1915 en piedra y bronce por Ladislav Saloun y que representa  al hombre que elige la muerte antes que renunciar a sus ideales. La escultura nos muestra a un grupo de husitas victoriosos y a los protestantes obligados a exiliarse. Entre ellos, aparece una madre que simboliza el renacimiento nacional.

La figura de Hus muestra la fuerza de la moral. Para los que no conozcáis a Jan Hus (entre ellas yo hasta volver de Praga) fue un teólogo considerado como el primer reformador de la historia cristiana. Criticó duramente a la iglesia por su desenfrenada vida, fue excomulgado, declarado culpable de herejía y, finalmente, quemado en la hoguera (incluyendo su ropa para evitar que fueran utilizadas como reliquias)

Por fin llegamos a la zona del barrio judío o Josefov, uno de los barrios más impresionantes de República Checa. Desafortunadamente, desde la Segunda Guerra Mundial, ya no es un barrio judío como tal ya que las obras de la ciudad se llevaron por delante la mayoría de construcciones y casas judías, aunque aún pueden encontrarse las seis sinagogas que se levantaron en su día.
La primera parada que haremos será la Sinagoga Vieja-Nueva. Actualmente se mantienen en pie seis sinagogas (algo inexplicable teniendo en cuenta la ocupación nazi de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, aunque los nazis no dejaban nada al azar y estas sinagogas fueron conservadas para crear un «museo de la muerte» de la raza que esperaban extinguir).
La Sinagoga Vieja-Nueva es un edificio del siglo XIII (actualmente es la sinagoga en activo más antigua de Europa). Para poder entrar, los chicos deben cubrir su cabeza con una kipá que os facilitarán a la entrada. Según leímos, este lugar de culto ha sobrevivido a inundaciones, incendios y matanzas; se dice que durante estas calamidades unos ángeles convertidos en palomas lo protegían.
En su interior se custodian muchos objetos religiosos judíos. Pero lo más importante, si sois amantes del cine antiguo (de hecho hay que remontarnos a las primeras películas de cine mudo) quizás os guste saber que la película El Golem de Gustav Meyrink surgió de una leyenda sobre esta sinagoga. Al parecer, el rabino de este lugar, Jehuda Löw creó una criatura con arcilla para defender el gueto de Praga de los ataques antisemitas y para ayudarle con las tareas de mantenimiento de la sinagoga. La leyenda dice que lo escondía en el desván de la sinagoga (donde aún hoy está prohibido entrar), eliminando la escalera exterior y la puerta.
Aunque se ha buscado en numerosas ocasiones, nunca se han encontrado restos ni en esta ni en ninguna otra sinagoga de la ciudad. Lo que sí es cierto es que, la gente respetaba y admiraba tanto al rabino que, desde su muerte, nunca nadie se ha vuelto a sentar en su silla.

La siguiente sinagoga en nuestra ruta es la Pinkas, actualmente un monumento en memoria de todos los judíos fallecidos por la persecución alemana. Entre los años 1992 y 1996 se escribieron a mano los 80.000 nombres de los judíos que perdieron la vida, convirtiendo así sus paredes en el epitafio más largo del mundo.

Pronto llegamos al cementerio judío, que se encuentra entre casas antiquísimas del barrio (de hecho desde las ventanas pueden ver las tumbas). Lo que más llama la atención es la aglomeración de sus tumbas, sin seguir ningún tipo de orden y la antigüedad de estas.
Como véis, nada tiene que ver con un cementerio convencional, aquí las tumbas no están perfectamente colocadas y no están realizadas con el mejor mármol; tampoco están adornadas de flores ni encontraréis los típicos panteones a los que estamos acostumbrados en nuestros cementerios.
La primera lápida data del año 1439, desde entonces son más de 12.000 losas las que han ido adueñándose de este lugar.  Debido al poco espacio que se les había concedido a los judíos en Praga, llegó un momento en el que tuvieron que enterrarse los cuerpos en espacios ya ocupados (una situación que se prolongó durante 300 años) por lo que bajo estas tumbas se encuentran enterrados más de 100.000 judíos.
En 1787 cerró sus puertas tras unas rejas de hierro, quizás sea eso lo que le aporta ese aura (de hecho Umberto Ecco utilizó este escenario para su novela El Cementerio de Praga.
Desde aquí nos acercamos a la Sinagoga Maisel, actualmente actúa como museo ya que su interior alberga libros, objetos decorativos, joyas y todo tipo de objetos relacionados con la vida de los judíos. Para realizar fotografías en el interior es necesario pagar una tasa y nosotros prescindimos de ella ya que no es de las más bonitas que encontraréis. Fue construida en el siglo XVI como una sinagoga privada para el alcalde, aunque debido a un incendio tuvo que ser reconstruida y no queda nada de la original.
Mientras nos acercamos a las últimas paradas de esta zona os contaré algo más sobre la historia de los judíos en Praga. Allá por el siglo X comenzaron a establecerse en los alrededores de la ciudad vieja hasta que, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, habían creado una comunidad con su propia jurisdicción llegando a alcanzar los 180.000 habitantes. Con el reinado de José II el barrio experimentó un enorme crecimiento comercial, bautizando incluso a su barrio con el norme del monarca que había permitido la integración de los judíos en la ciudad.
Nuestra última visita es para la Sinagoga Española, aunque su exterior no sea demasiado llamativo es el interior lo que realmente merece la pena. Esta sinagoga recibe su nombre tras la huída de sefardíes españoles que buscaban seguridad debido a la inquisición española. Es su estilo decorativo el que la ha bautizado así. Su decoración no se terminó hasta 1893, debido a que sufrió varios incendios que la mantuvieron en continuas reconstrucciones.
Fuera se encuentra la escultura memorial a Franz Kafka, autor de La Metamorfosis. La escultura representa un cuerpo de hombre completamente vacío (vestido con chaqueta y pantalones) y sobre cuyos hombros aparece sentado el artista (representando así la separación espiritual que el escritor muestra en sus obras).
Se eligió esta ubicación para la escultura de 3 metros y medio ya que Kafka residió aquí y por ser un lugar muy emblemático, justo entre el límite del Barrio Judío y la Ciudad Vieja; donde se unen las religiones judía, católica y protestante.
Aprovechamos para comer en un restaurante cercano a la zona y nos ponemos en marcha hacia una de las zonas más buscadas Letna Park.

Para llegar a este parque debemos cruzar el río Moldava por el puente Chechov, tras subir las escaleras encontraremos un gran péndulo en posición invertida. Un metrónomo que ocupa el espacio donde en su momento se encontraba una gran estatua de Stalin, hasta su destrucción en 1962 era la mayor representación de Stalin en todo el mundo.

El metrónomo de color rojo, que fue levantado en 1991, mide unos 23 metros y fue elegido por su autor para adornar la ciudad debido a que, siglos atrás, Mozart comentó que Praga era una ciudad con mucho tempo. Esto inspiró a Vratislav Novak a crear un elemento gigante que plasmara esta percepción de Praga.

Las vistas desde el mirador son impresionantes, de hecho es la única zona de Praga desde donde podremos contemplar todos los puentes de la ciudad alineados. La puesta de sol aquí es preciosa, y se puede admirar todo el esplendor de la ciudad. Sacar una sola fotografía es imposible.
 Volvemos hacia el hotel paseando cerca del Moldova y llegamos a la plaza donde se encuentra el memorial a los caídos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque parece que tiene un fallo en su fecha no es así, la guerra comenzó en 1939 pero los checos consideran su inicio con la crisis de los Sudetes, en 1938.
Por el camino encontramos un grupo de cisnes (aunque hay que tener cuidado con ellos, que pican)
También nos cruzamos con una de las obras más fotografiadas de David Cerný, representa a dos figuras masculinas haciendo pis. Las figuras escriben con ese chorrito citas célebres de escritores checos, pero puede escribir vuestro nombre o una frase concreta si enviáis un mensaje al número que aparece.
El paseo de vuelta al hotel es precioso, aprovechando para tomar las últimas fotografías de las magníficas calles de Praga. Cogemos las maletas en el hotel y ponemos rumbo al aeropuerto. La vuelta al aeropuerto fue gracias a un hombre de Praga que nos ayudó y nos acompañó hasta el lugar donde debíamos tomar el autobús rumbo al aeropuerto. Nuestra próxima parada es París, aunque eso os lo contaré en las próximas entradas.
Espero que os haya gustado esta pequeña ruta por la capital checa, que os animéis a visitarla y a retratarla porque no os decepcionará y, antes de despedirme, os dejo con algunas imágenes más de nuestro camino a casa para que os enamoréis otro poquito más de la bellísima Praga.

 

 

 

 

 

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