Cuanto más enigmático es algo, mayor es la sorpresa una vez que te atreves a descubrirlo. Myanmar ha sido un regalo para todos los sentidos y un puzzle precioso de completar. Os invito a descubrir el país en movimiento, en imágenes que reflejan gran parte de lo que hemos vivido.

 

 

Siempre había sido reticente a conocer Asia porque creía que no tendría demasiado que ofrecerme, pero rectificar es de sabios y he podido vivir cada segundo con intensidad; disfrutando de los amaneceres, de la brisa del atardecer soplando entre mis dedos mientras escalaba cada pagoda que se cruzaba en mi camino, de las sonrisas al pasear y compartir camino con los más que amables birmanos, de dejar mis zapatos y olvidarme de ellos (sí, caminar descalza sintiendo esa conexión con la tierra es un lujo que demasiado a menudo olvidamos). He saboreado cada color del cielo y he llorado cuando he cumplido mi sueño, volar mientras cientos de globos dibujaban el horizonte.

Myanmar es un viaje no sólo a un nuevo país, es un viaje a tu interior. Una carrera en profundidad para descubrir que no necesitas tantos lujos, que lo que más te gusta de tu vida es no tener ropa limpia si es porque la has manchado al tumbarte a disfrutar del paisaje, de una conversación con gente maravillosa o porque llevas dos días caminando a través de campos de arrozales.

Myanmar es dejar de esconderte detrás de lo que la vida te exige; un trabajo, un alquiler o esos problemas que ayer parecían tan importantes (y que, sin duda, no lo son). Es vivir envuelta en repelente de mosquitos, sí; pero abierta a recibir cada lección de un monje o de un niño que, pese a no tener demasiado, te ofrece jengibre en tu camino. Es dormir con gente que no conoces y que te abren las puertas de su casa y de su corazón.

Ser feliz allí es tan fácil que aún me emociono al ver las imágenes que grabamos y, por eso hoy quiero compartirlas con aquellos que queráis verlas porque Myanmar abre la mente, alegra el alma y cura, no sólo los miedos, también los prejuicios y aquello que no nos hace bien.

Como un monje me enseñó, en la vida las cosas llegan cuando tienen que llegar, por eso Myanmar llegó a mi vida justo en el momento correcto. Lo que admiramos nos construye, nos hace mejores y yo, Myanmar, te admiro.

¡Espero que disfrutéis con este resumen en imágenes de mi viaje!

 

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