Érase una vez un país con un reino oculto donde se encontraba la fuente de la eterna juventud, donde gobernó la gran Makeda, reina de Saba y de la cual descienden los grandes emperadores etíopes. Un país donde el tiempo dejó de avanzar y los calendarios no existen, aquí nadie conoce su fecha de nacimiento y los pueblos siguen viviendo bajo las antiguas normas y tradiciones. Érase una vez un país donde puedes llegar al mismísimo techo de África, y donde debes escalar o descender a través de la roca para sentir el recogimiento de su religión. Érase una vez Etiopía.

 

Estoy segura de que no importa el país africano que se visite, el continente nunca decepciona. Sus paisajes son dignos escenarios de grandes películas, su fauna el mejor espectáculo para los amantes de los animales en libertad; el acogimiento de sus gentes, la curiosidad por su gastronomía y lo picante de sus especias, el color del atardecer..

Pero Etiopía es especial. El país donde nació Lucy, la abuela de la humanidad que apareció entre acordes de los Beatles. Etiopía; la única zona africana que escapó al colonialismo europeo conservando su identidad cultural. El antiguo reino de Aksum, uno de los cuatro más importantes del mundo antiguo junto a Roma, China y Persia y punto estratégico del imperio comercial. Uno de los primeros países del mundo que acogió el cristianismo como religión. Además, aún hoy, practica su fe tal y como hacía hace siglos. El país de las etnias, del café afrutado, de la injera y comer con las manos. Etiopía. El país de los contrastes. 

 

Aunque es muy difícil elegir entre todo lo vivido, os traigo una entrada para conocer lo más espectacular del país en cinco experiencias únicas. ¿Me acompañáis?

 

 

  1. Refrescarse con el agua de las cataratas del Nilo

El primer europeo que descubrió estas cataratas fue un español llamado Pedro Páez, un misionero que dedicó su vida a aprender la lengua de los locales y a ayudarles cuando estaban enfermos. No quedan textos ni fotografías que nos enseñen ese momento, pero imagino que la emoción debería ser la misma que alguien que llega a estas cataratas hoy en día por primera vez.

 

Cataratas Nilo Azul Etiopía

 

Estas cataratas son uno de los grandes atractivos de la naturaleza de Etiopía y una excursión casi obligatoria en vuestra ruta por el país. Entre los locales son conocidas como Tis Abay (humo del Nilo) o Tis Isat (agua que humea). En ellas cae el 70% del caudal del Nilo Azul. Para llegar a estas cataratas se debe caminar por un sendero precioso, totalmente rodeado de naturaleza donde os cruzaréis con gente de la zona, hasta alcanzar el primer puente de piedra construido en Etiopía, aunque no por etíopes sino por portugueses en el año 1620.

Su altura es de aproximadamente 45 metros de alto y unos 400 metros de ancho antes de la caída. No es extraño ver a familias completas a los pies de la cascada (aunque el baño está prohibido debido a la fuerza del caudal) ya que consideran este punto «mágico».

¡Y prometo que las imágenes no son capaces de captar la magnitud y lo impresionantes que son!

 

      2. Viajar al pasado y conocer los rituales y tradiciones del Valle del Omo.

Tierra de ritos y venganzas. El valle bajo del río es un paisaje espectacular, con zonas de grandes praderas, ríos y lagos,la inmensidad de la sabana africana y una variada flora y fauna justo en la frontera con Kenia, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero no es únicamente esto lo que llama al viajero, sino poder adentrarse en las costumbres de más de 15 grupos étnicos con tantos rasgos distintivos entre ellas que es fácil averiguar a qué tribu pertenecen.

La mayoría se dedica a la agricultura y el ganado, es por eso que existen numerosos conflictos entre diferentes clanes.

 

Tribus Valle del Omo

 

Las tribus que viven en el Valle del Rift siguen ancladas en costumbres más cercanas al neolítico que a la actualidad. Recorrer esta zona supone adentrarse en lo que muchos denominan un «safari humano», donde las cámaras buscan el mejor retrato a cambio de un billete de 5 o 10 birr; pero no todo es tan idílico. Hay que mentalizarse de que no es nuestra cultura y que debemos ser meros espectadores que no juzgan al presenciar sus costumbres. Es el caso de la ceremonia del salto del toro de los Hamer, las escarificaciones y platos labiales de los Mursi o las viviendas de los Dassenech. Este es el mejor recordatorio de que hay partes del mundo que aún viven al margen de la sociedad moderna y la tecnología.

 

       3. Intentar tocar el cielo desde el techo de África, las Montañas Simien.

Si pensábais que  Las Montañas Simien tiene uno de los paisajes más impresionantes que veréis en vuestra vida. Escarpadas montañas teñidas de verde, profundos cañones y cataratas que dejan con la boca abierta. No es de extrañar que fuesen declaradas patrimonio mundial.

 

Montañas Simien Etiopía

 

Tengo que reconocer que, hasta planificar mi viaje, no sabía de su existencia y fue una sorpresa encontrarme frente a frente con una de las cordilleras más bonitas de África, donde además se puede disfrutar de la fauna a escasos centímetros de distancia. Las montañas son hogar de los babuinos gelada, el lobo etíope o la cabra abisinia entre otras muchas especies, que conviven en paz con los senderistas que deciden acampar unos días allí.

Para los que disponemos de menos tiempo, se pueden visitar en un día a través de un agradable paseo de aproximadamente una hora que va desde la carretera hasta el mirador sobre el cañón y la cascada Jimba; donde, una vez más pensaréis que estáis en la entrada del cielo.

 

     4. Recorrer los túneles ocultos en busca de las iglesias de Lalibela.

No importa cuántas fotografías hayas visto antes de viajar a Etiopía. Nada te prepara para la impresión de tener delante por primera vez la iglesia en cruz de San Jorge. La joya de la corona del país y lo que todo viajero busca al llegar a Lalibela.

Ha sido fotografiada millones de veces y, estoy segura de que necesitaréis esa foto de más para intentar capturar la magnitud y lo enigmático que se respira junto a ella.

Iglesias Lalibela Etioóa

En total son 11 iglesias excavadas en la roca; iglesias que aún hoy se utilizan como espacio de oración. Muchas de ellas están conectadas a través de túneles bajo tierra (algunos incluso en completa oscuridad hasta alcanzar la siguiente iglesia, simbolizando la muerte y resurrección). Es el principal tesoro del cristianismo ortodoxo etíope y un claro ejemplo de cómo era la religión en Etiopía hace siglos, ya que no ha cambiado nada en este tiempo. 

Maravillosas desde un punto de vista artístico, sorprendentes e inquietantes desde el punto más arquitectónico y un auténtico regalo para la vista y los sentidos de aquellos que son capaces de conectar con la tierra.

 

 5.  Sentir el calor de nuestro planeta en la depresión del Danakil.

Creedme cuando os digo que el paisaje que contemplaréis en Dallol será únicamente para vosotros. Aunque pueda sonar extraño, la depresión del Danakil es un lugar en constante cambio. Esto se debe a los minerales y sustancias que expulsa la tierra cambian el color y la forma de las rocas cada día. Lo que ayer era amarillo mañana quizás sea azul. Así de caprichosa y artista es la tierra en la que vivimos (y menos mal).

Danakil es uno de los lugares más inhóspitos del planeta. La afluencia de turismo es escasa para lo majestuoso del lugar. Todo tiene un motivo:es el lugar más caluroso de la Tierra. La temperatura que alcanza suele superar los 50º. No existen hoteles o restaurantes en las proximidades, algo que hace que la visita sea aún más auténtica. Caminar por estas formaciones es como recorrer un arrecife gigantesco de coral, o mejor aún, como visitar Marte. 

Depresión del Danakil, Etiopía

Pero si esto no os parece suficiente, Danakil tiene otra sorpresa: su volcán en escudo Erta Ale. El volcán más activo de todo el país y uno de los más activos del mundo. La excursión incluye la subida al punto más alto para ver y escuchar el magma en directo y dormir a escasos metros de éste.

Un auténtico viaje a las profundidades de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

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